Ni narrativa ni ensayo ni autobiografía ni diario. «No es nada pero al mismo tiempo es un poco de todo». Eduardo Jordá hizo partícipe al público logroñés de su particular 'batido' de géneros literarios que, abonado por la denominada «técnica mixta», ha dado como fruto
Esperando la tormenta
, obra ganadora de la XIV edición del Premio 'Café Bretón-Viña Alta Río'. El escritor mallorquín, sevillano de adopción y autoproclamado miembro de «esa cofradía, no sé si secreta o no, de enamorados de Logroño», presentaba el lunes 12 de mayo el libro, recién salido de imprenta, consciente de su carácter «inclasificable». Y es precisamente ahí, según precisó, donde radica su acierto y la clave de su éxito. El mismo que le ha llevado a conseguir galardones tan significativos como el III Premio Ateneo de Sevilla en 2005 o el III Premio Málaga de Novela en 2007.
Esperando la tormenta
incluye 14 'relatos viajeros' en apenas 90 páginas -«pequeños ensayos sobre la vida»- en los que paisajes y personajes se funden con reflexiones del autor en un claro intento de defensa apasionada de la «miscelánea» literaria. Jordá, en toda una declaración de intenciones, confesó sentirse encantado a la hora de recrear paisajes. «Cualquier sitio merece ser recreado», sentenció... para añadir su condición de admirador del río Ebro.
La obra, editada por AMG Editor con una tirada de 999 ejemplares, entreteje historias alrededor de la mirada del autor, quien vuelca y destapa algunas de las pasiones que le han acompañado en sus dos décadas de oficio. «Por muy sosegada y discreta que haya sido nuestra vida, todos albergamos secretos, todos tenemos zonas de sombra en las que nadie ha podido entrar, todos guardamos algo que tarde o temprano acaba saliendo a la luz y que nos desfigura o nos deshonra». Así, las páginas galardonadas el pasado junio con el Bretón-Viña Alta Río, las mismas que acompañan a las que ya se alzasen con el reconocimiento firmadas por la pluma de Miguel Sánchez Ostiz o Juan Manuel de Prada, mezclan experiencias vividas por el escritor y articulista con otras no ocurridas pero que bien hubiesen merecido la pena.
Una crónica sobre Manila o el encontronazo con el supuesto verdugo del anarquista Salvador Puig Antich encuentran hueco junto al relato 'estrella', a juicio del propio literato, dedicado a la viuda del Nobel alemán Heinrich Böll... el encuentro que nunca sucedió en vida y que las letras han hecho posible.
Todo un alarde de eclecticismo que, si bien «pone nerviosos a editores y distribuidores», sí que parece gozar del favor del público lector, poseedor de la última palabra.