
En su intervención ante la dirección del partido se comprometió a preparar ya, «sin prisa pero sin pausa», según el secretario de Organización, José Blanco, un nuevo reparto de dineros entre las comunidades autónomas.
El de la financiación es, junto con el debate del agua, el único asunto que amenaza con perturbar la aparente tranquilidad que disfrutan los socialistas desde que ganaron las elecciones.
Existe una clara falta de sintonía entre quienes, como José Montilla (Cataluña) y Francesc Antich (Baleares), presiden autonomías a las que el balance fiscal les resulta negativo y quienes, como Chaves (Andalucía) o Guillermo Fernández Vara (Extremadura) están al frente de territorios menos ricos pero con más recursos económicos, una vez se aplican los procesos de «nivelación». Zapatero aprovechó el último comité federal del partido para reclamar a sus barones una unidad de mensaje y habló de fraguar una estrategia común para evitar que las diferencias que ya han aflorado se plasmen en un enfrentamiento entre comunidades socialistas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera previsto para finales de mes. Blanco aseguró, sin embargo, que será el Gobierno y en concreto el ministro de Economía quien marque la pauta. La dirección socialista espera que en un plazo de aproximadamente diez días Solbes presente un documento con el que empezar a trabajar para «ir conjugando los distintos intereses».
El Ejecutivo juega contra reloj. Sobre la mesa pesa el compromiso adquirido con la aprobación del Estatuto de Cataluña para llegar a un acuerdo de financiación en el 2008, aplicable al 2009, y la fecha del 9 de agosto para el acuerdo. Blanco insistió en que el sistema final responderá a los criterios de igualdad, solidaridad y suficiencia financiera.
Zapatero añadió después en La Moncloa otra premisa que tampoco es nueva: para el Estado se reservará más del 50% del gasto público. Y aseguró que a partir de esos parámetros se trabajará en un modelo que pueda ser suscrito «por todos». Pero pidió que se cambie el modo de abordar la discusión. «Este no es un debate de territorios, es un debate para las personas», dijo.





