
La sobremesa es el momento elegido por María Dolores para enfrentarse a los sudokus. Suele practicar una hora de media para relajarse. «Eso sí, si algún día me sale antes, pues mejor. Otros días, en cambio, no encuentro la solución y lo acabo dejando», indica. En cualquier caso, María Dolores ha comprobado que la fiabilidad de la consola a la hora de estimar la edad cerebral del jugador deja mucho que desear. «Cuando te sale a la primera, tu edad cerebral es 15, y cuando no, te dice que tienes 120», explica.
El drama llega al cometer cinco fallos: la máquina ya no deja que el usuario siga jugando. «Te da bastante rabia», bromea esta mujer, que sigue en el nivel de principiante, a la espera de dar el salto a retos mayores: «Por ahora, sigo necesitando ayuda».
En líneas generales, María Dolores reconoce que su nueva afición le está sirviendo para mejorar habilidades cerebrales como la memoria. «Noto que me viene bien, sobre todo porque me obliga a recordar datos y números», añade. Por ahora, el sudoku es el único juego por el que muestra interés. Ha probado con otros en los que debe ejercitar sus cualidades de dibujante, pero según confiesa, se pone nerviosa. «Tener que pintar un pez, un caracol... me pone histérica», agrega, aunque espera que su hijo le pueda enseñar otros juegos para seguir «entrenando el cerebro».





