
OBJETIVOS DEL VIAJE
El primero era de carácter sentimental. Se trataba de homenajear a quien participó desde el principio como estudiante en la Universidad Popular y terminó formando parte de su junta, sin dejar de seguir estudiando y aprendiendo. Ayer, Esther Ruesgas iba en la mochila y en el corazón de cada uno de los excursionistas y en la parroquia de Briones, localidad en la que nació, se la recordó con un responso y con los sonidos del órgano construido entre los siglos XVII y XVIII.
El segundo objetivo era pedagógico. Se trataba de conocer mejor el patrimonio histórico y arquitectónico de la estación de Logroño, del castillo de Davalillo y de la villa de Briones.
Pero el viaje se tenía que realizar de manera singular. Para ello, Carlos Muntión se embarcó en la complicada misión de contratar un tren que llevara a los excursionistas hasta el apeadero de San Asensio y luego los recogiera en Briones para regresar a Logroño. Después de mover montañas, logró alquilar el transporte ferroviario por un importe de 2.500 euros.
De esta forma, a las nueve menos cuarto de la mañana, la estación de Logroño acogía a los viajeros, mientras el 'guía' explicaba el significado sentimental del edificio, la entrada del primer tren con figurantes de Calahorra, porque el 'oficial' llegó tarde, y las pinturas murales de los hermanos Fernando y Martín Sáenz.
Estos detalles, como otros muchos más, fueron entregados en una guía impresa de 'Piedra de Rayo', donde también se aportaban historias como el accidente ferroviario de Torremontalbo y los lugares que se iban a visitar. Los excursionistas llegaron al apeadero de San Asensio abandonado hace años, sobre las nueve y cuarto de la mañana y, tras atravesar el gigantesco túnel que pasa bajo la vía, enfilaron por los caminos el recorrido de ocho kilómetros que les separaba de Briones. Allí, en la plaza, pudieron reponer fuerzas con vino de Rioja aportado por Vivanco y con un 'preñao', elaborado en la panadería de la localidad.












