Hasta entonces, pocos osaban cruzar ese pasadizo decrépito. Ahora, se ha convertido en una atracción turística más desde que el negro de sus paredes se ha llenado de coloridas imágenes de nuestro tiempo.
Hay espacio para todos: desde George Bush y Osama Bin Laden a Elvis, aunque con metralleta en lugar de guitarra, pasando por una Mona Lisa musulmana y una chocante imagen del Papa; o más bien, medio papa, pues la figura de Benedicto XVI, de tres metros de altura, se transforma de cintura para abajo en la de Marylin Monroe con su falda al vuelo y sus piernas al aire.












