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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 julio 2009

Región

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I REPORTAJE I VIAJE A PERÚ, CHILE Y ARGENTINA
Descubriendo América
El viaje institucional por Perú, Chile y Argentina revela paisajes grandiosos, gentes hospitalarias y enormes miserias
11.05.08 -

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Las premuras del viaje institucional del Gobierno de La Rioja a Perú, Chile y Argentina han concluido. De nuevo en Logroño, tras haber recorrido 26.000 kilómetros en nueve días, la cabeza encuentra la calma necesaria para indagar en las experiencias vividas y rescatar los recuerdos más intensos. Y ahí surge sin esfuerzo la carretera de Cajamarca a Chota, 150 kilómetros de trayecto a una altitud media de 3.000 metros que desvelaron al cronista algunas de las profundas miserias del país andino. A ello ayudó la inestimable compañía del padre Severiano de Cáceres, un hombre vital y comprometido responsable de la ong Haren Alde, receptora de la ayuda riojana para proyectos de cooperación en este rincón del mundo.

Su relato sobre la situación social de la región mientras el todoterreno se abría paso entre curvas y precipicios enseguida quedó corroborado por el panorama que se avistaba al otro lado de la ventanilla del vehículo. La Yanacocha, una impresionante explotación minera de oro y plata a cielo abierto, la mayor de Sudamérica, con 10.000 trabajadores en plantilla, es-tá reduciendo a escombros cerros enteros. Hasta ella llegan las torres de electricidad, las pistas arregladas y un sinfín de transportes y servicios que desaparecen de la geografía tan pronto como dejan de verse camiones y excavadoras.

Tras la mina el camino se encabrita y descubre paisajes campesinos donde reina una economía de subsistencia. Poblados sin luz ni agua ni otros servicios básicos que se mantienen con frijoles, papas, maíz y algo de ganado. Austeridad en estado puro. El padre Seve cuenta que hace 30 años que el Gobierno peruano prometió una carretera a Chota que no se ha construido ni en los últimos años de bonanza económica y también que ingentes cantidades de dinero destinadas a otras infraestructuras de primera necesidad han desaparecido por el camino. Y señala a un culpable: la corrupción.

Gran acogida

Perú es tierra de grandes contrastes. De las selvas amazónicas a las cumbres andinas para llegar a la desértica franja costera. De la opulencia del barrio de Miraflores de Lima a las chabolas del cerro de San Cristóbal. Parece no haber término medio en esta tierra mestiza que acogió a la delegación riojana con los brazos abiertos. La generosidad en Chota fue sobrecogedora, una explosión de júbilo que estalló en la plaza dejando boquiabierta a la comitiva riojana. Y entre el público, un campesino que no acertaba a comprender como unos extranjeros llegaron a su país cruzando el océano tras once horas de vuelo.

Sin tiempo aún para asimilar la experiencia peruana, el avión transporta al periodista a otra latitud y a otro tiempo: Santiago de Chile. Amodorrado en el autobús adivina a través de la noche una ciudad occidental que se plasma en toda su plenitud al llegar al hotel, con todas sus comodidades. La mañana siguiente descubre que no es oro todo lo que reluce. En el extrarradio de la capital más moderna de Hispanoamérica quedan importantes núcleos de pobreza, las comunas, asentamientos chabolistas donde todavía viven más de 20.000 familias. A estos enclaves va destinada también una buena parte de la cooperación riojana. Aunque con menos efusividad que en Perú, los gestos de agradecimiento por la ayuda riojana se repitieron antes de que riojanos de uno y otro lado del Atlántico se fundieran en un abrazo en el Estadio Español de Chile.

El cruce de los Andes deja grabadas bellas estampas nevadas de la cordillera antes de una breve escala en Mendoza, que revela al viajero otra pequeña colonia riojana que mantiene vivo el recuerdo de su origen. En el aire se respira un leve aroma a vendimia que acrecienta el sentimiento de cercanía a esta ciudad vitivinícola fundada por el riojano Pedro del Castillo. Mendoza impresiona por sus generosos espacios verdes, aunque algunos de sus alcorques se abren como trampas para el foráneo. La expedición riojana recala por fin en Buenos Aires y descubre una ciudad abierta y cosmopolita pero también con amplios círculos de pobreza despedidos como una onda expansiva hacia la periferia. La ciudad destila belleza pero también pesimismo entre los porteños, que parecen resignados a que sus gobernantes sigan dilapidando las riquezas del país.
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