
Se trata de dos de los ocho controladores que desde el 1 de abril recorren todas las zonas verdes y parques logroñeses inspeccionándolo todo. Observan, así, el estado de los registros, árboles, mobiliario urbano, juegos infantiles, animales sueltos o zonas acuáticas. También están atentos a los niños que se pueden perder en un parque, a que los dueños de las mascotas recojan las necesidades, y además, informan a la gente, advierten y, sobre todo, intentar hacer una labor de concienciación. Y todo con mucha psicología y buenas maneras.
Esta figura fue muy demandada por los actuales responsables del equipo de Gobierno debido al aumento de zonas verdes en la ciudad y al gamberrismo. Se trata, según explican los controladores, de una tarea similar a las educadoras medioambientales, porque la idea es «informar», aclara Ismael, aunque los horarios no son los mismos, ya que los ocho hombres trabajan fines de semana y también en horario nocturno.
Mientras dura la charla, en el parque del Ebro, Alex coloca en su sitio una alcantarilla e Ismael apunta los deterioros en un juego infantil. Todos los días remiten un informe con los apuntes que llevan a cabo para que se ponga solución. Tras una caminata de media hora, se suben a su furgoneta y acuden al parque de La Cometa.
Experiencias positivas
Ismael comenta que su experiencia, después de un mes, ha sido «muy constructiva» porque la gente les anima a hacer su trabajo. «La mayoría de las personas colaboran con nosotros y entienden», explica el controlador. Su compañero, Alex, añade que más del noventa por ciento de las personas «hacen caso». «Esa pequeña minoría que queda, pasa», añade.
Sobre el botellón, la única experiencia que han tenido en este mes es solicitar a los jóvenes que no entraran al parque. «Y se han dado media vuelta y se han marchado sin decir nada», comenta Ismael, quien afirma que algunas personas le han dicho que se sienten más seguras desde que cuidan los parques. Para ellos, su trabajo rendirá frutos con el paso del tiempo.
Recorren en pareja absolutamente todos los parques logroñeses y no dudan en afirmar que los más castigados son los céntricos. Es decir, los parques del Carmen y Gallarza. «Están en el corazón de la ciudad, va mucha gente y se cuidan menos las zonas verdes, el mobiliario o los parterres». Los controladores se despiden antes de recorrer los parques de Santa Juliana y La Ribera.












