
El mismo Zapatero que hace cuatro años corrió para dar la vuelta como un calcetín a las políticas de sus antecesores y se empeñó en dejar constancia de su llegada a La Moncloa, se prodiga hoy bastante poco. En campaña electoral prometió que en caso de ganar las elecciones citaría de inmediato, un día después de asumir el cargo, a los agentes sociales. El encuentro debía servir para llegar a un acuerdo que haga frente a la «desaceleración económica». Pero ni aún se ha producido ni tiene fecha.
Diálogo social
Es cierto que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, se entrevistó esta semana con los representantes de la patronal y los sindicatos. Sin embargo, en el Ejecutivo dan ya por hecho que será difícil firmar esa nueva declaración de diálogo social hasta después del verano. También dejan para el próximo período de sesiones la reunión de la Conferencia de Presidentes.
Zapatero prometió en una jornada negra de violencia machista que, en su primera semana de gobierno, convocaría a todos los dirigentes autonómicos para elaborar un plan de choque contra esta lacra en coordinación con todas las administraciones implicadas. De aquel anuncio, hecho al calor de cuatro asesinatos de mujeres en apenas 48 horas, durante un mitin en Baracaldo, no se ha vuelto a saber nada.
La parsimonia con la que el presidente afronta los primeros días de su segundo mandato contrasta con la premura de otros tiempos. En los primeros cien días de Gobierno tras la victoria del 2004 Zapatero retiró las tropas de Irak, aprobó el proyecto de ley orgánica contra el maltrato a las mujeres, abrió el debate del matrimonio homosexual y derogó por decreto las medidas más polémicas de la Ley de Calidad de la Enseñanza impulsada por el PP.





