
Este periplo por nuestros pueblos y aldeas le han permitido escribir un libro, profusamente ilustrado, que repasa las características de esta arquitectura tradicional riojana.
El objetivo del trabajo, recordó el autor ayer en la presentación del mismo y de la exposición paralela, no es tanto convertirse en un catálogo de las prácticas de arquitectura popular -que también lo es- sino situarse como una reflexión gráfica de apoyo para todo aquel que deba intervenir en los recintos antiguos de los pueblos o ciudades o en las construcciones rurales del campo, maltratados por unas acciones irrespetuosas no sólo en la forma sino también en la integración y coordinación de los materiales de construcción y de revestimiento exterior con su entorno más inmediato.
Color, luz y texturas
La preparación del libro ha permitido al autor definir las características de nuestra arquitectura popular, la de la vida cotidiana, como contrapunto a la monumental, sobre la que ya existen varios trabajos. Alfonso Segovia comenzó a pergeñar este proyecto en 1983, cuando trabajó en la revisión catastral de diversos municipios de La Rioja y descubrió la variedad en las construcciones riojanas. El arquitecto malagueño venía de publicar, junto a José María Hervías, el libro
Son varias las reflexiones que este trabajo de campo regala al lector. Por un lado el carácter sincrético de la construcción tradicional en La Rioja, recogiendo elementos constructivos de las culturas y las regiones próximas. Otro aspecto de interés, provocado en parte por lo anterior, es la gran variedad de fórmulas constructivas entre las diferentes comarcas, manifestada de manera evidente entre La Rioja Alta -predominio de piedra arenisca, muy trabajada, y con sillares de mayor calidad-, la ribera baja del Ebro-la piedra abunda, pero el ladrillo tiene una presencia muy importante porque en las zonas de las riberas se utilizan más las arenas de los ríos- y las comarcas del Sur -piedras calizas, trabajadas de otra manera, o piedras grandes y pequeñas intercaladas-.
Otra evidencia es el color escaso en la arquitectura riojana y el poco que hubo ha ido quedándose desvaído. Como, además, la luz de esta tierra es suave, las que adquieren verdadero protagonismo son las texturas frente al color y que se manifiestan en los materiales propios de la arquitectura popular: piedra, mampuestos, sillares y entramados de madera.





