La Cámara riojana festejó los 25 años de su constitución congregando a esos antiguos compañeros de promoción. De las diferentes promociones, en realidad, porque allí estaban los actores principales de las siete legislaturas que ha vivido ya el Parlamento. La cita se convirtió así en un conglomerado de generaciones: las que pusieron los andamios de la democracia y las que han ido encalando el edificio.
Estaban todos. Casi todos, para ser exactos. Faltaban los nueve diputados ya fallecidos -que recibieron un cerrado aplauso cuando el actual presidente, José Ignacio Ceniceros, los mencionó en su discurso- y los que no pudieron llegar o nunca se dejan caer por estos eventos escaldados de su experiencia política. En total, 116 de los 149 que en este cuarto de siglo han llegado a jurar el acta de diputado regional. Los unos recordaron las incomodidades de los pupitres que ocupaban en la primera legislatura; los otros rememoraron momentos históricos como la moción de censura contra Espert; algunos, ni se miraron. Porque, igual que sucede en esas citas de ex alumnos, también aquí sucede que ciertos rencores no se curan con el tiempo.
Ceniceros abogó en su intervención por superar las diferencias y alcanzar «un futuro en el que el valor de la palabra y las convivencia en paz determinen la vida de los riojanos y sus representantes». En este sentido, el actual presidente del Parlamento subrayó el valor de la institución como «epicentro de la democracia que emana de la España de las Autonomías» y «eje vertebrador» del autogobierno de La Rioja.
Ceniceros basculó entre la mirada al pasado y la perspectiva de futuro con la nueva reforma del Estatuto que, según dijo, debe ser «un ejercicio de responsabilidad, admitiendo lo mucho que nos une y aplicando templanza para construir una sociedad mejor».













