
Y es que se calcula que la cifra de víctimas es muchísimo mayor de los 23.000 muertos y 40.000 desaparecidos que, hasta ahora, reconoce el Gobierno de Myanmar (nombre oficial de Birmania). Según las estimaciones de la Embajada de Estados Unidos, podrían haber muerto más de 100.000 personas, lo que situaría al 'Nargis' cerca del ciclón que se cobró 143.000 vidas en Bangladesh en 1991.
Un oficial del Ejército admitió ayer a la agencia France Presse que, sólo en el distrito de Labutta, han perecido unas 80.000 personas. «Los 63 pueblos que rodeaban la ciudad han sido borrados del mapa», explicó Tin Win, uno de los responsables militares de esta localidad, donde la Junta había cifrado en 10.000 los fallecidos.
A juicio del director de la oenegé Save the Children en Birmania, Andrew Kirkwood, el 40% de los muertos y desaparecidos son niños.
La gravedad de la situación, con la costa sur totalmente inundada al haberse desbordado las aguas del delta del río Irrawaddy, ha obligado al Gobierno de Birmania a permitir los primeros envíos de ayuda humanitaria internacional. La Junta militar, dirigida por el general Than Shwe, mantiene el país aislado de cualquier influencia extranjera para perpetuarse en el poder, por lo que Internet está férreamente controlado por la censura y fuera del alcance de su paupérrima población (el 90% de sus 57 millones de habitantes subsiste a duras penas con un dólar al día).
Pero el 'Nargis' no sólo ha sumido a Birmania en el caos, sino que ahora amenaza con abrir una grieta en el muro que ha levantado la Junta Militar, que se ha visto forzada a abrir el país a la asistencia extranjera. Ante las proporciones que está alcanzando este desastre natural, el Gobierno autorizó ayer el aterrizaje en Rangún de dos aviones del Programa Mundial de Alimentos y otro de la Cruz de Roja con varias toneladas de galletas energéticas, mantas y tiendas de campaña para atender a los más de un millón de damnificados que se han quedado sin casa por el ciclón.
Frustración
Debido a las restricciones de la Junta, ambos aviones han llegado casi una semana después de la tragedia, ya que se han pasado los dos últimos días esperando a recibir la autorización oficial. Un permiso que todavía no ha logrado EE. UU., que tenía intención de utilizar sus aeronaves militares C-130 para sobrevolar las zonas afectadas y lanzar directamente víveres y medicinas a los damnificados.
«Estamos frustrados con la lentitud de la respuesta del Gobierno de Birmania para responder y aceptar nuestra ayuda, ya que se ha demostrado que su habilidad para manejar la situación es limitada», criticó el embajador estadounidense en la ONU, Zalmay Khalilzad.
Por ese motivo, la comunidad internacional ya se está planteando la posibilidad de forzar la llegada de la ayuda humanitaria sin esperar el permiso de la Junta Militar. Basándose en el principio de la «responsabilidad de proteger», así lo ha propuesto Francia, en una iniciativa que ya ha sido apoyada por el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos.












