-Muy animado, pero con bastantes cosas por hacer todavía.
-Ubíquese en una escala de 0 a 10.
-En un siete.
-No me quiero ni imaginar lo que va a tener que trabajar para llegar al diez.
- (Ríe) Del siete al diez cuesta, ya lo creo, siempre cuesta.
-¿Se siente inquieto con la responsabilidad de participar en unos Juegos?
-Llevo cuatro años inquieto.
-Un exceso de expectativas es malo a veces, ¿cómo lo ve?
-Lo importante es darlo todo. Quiero que cuando tenga que volver no me pueda reprochar nada a mí mismo, que no pueda decir si esto o lo otro, si aún podía más.
-Esa fogosidad igual le hace salir como un torito y luego venirse abajo.
-Hay que salir fuerte, sí, pero procuraré que sea al revés, ir a más. Exactamente lo contrario.
-¿Ha visto el recorrido de la llama olímpica y el follón que se ha montado?
-No quiero meterme en eso. Mi aspiración es que todo el mundo esté tranquilo, que todo se desarrolle con normalidad, que nadie se meta en guerras y que el tiempo de los Juegos sea un espacio de tregua.
-Usted suele caracterizarse por estar fino los días clave y que se prepara con esmero, ¿cuáles son sus planes hasta Pekín?
-Este fin de semana corro en Abadiño; en un par de semanas, el Europeo de Alemania; luego llegan dos pruebas de la Copa del Mundo seguidas. El 20 de junio es el Mundial de Italia.
-Eso está muy bien, pero los Juegos son los Juegos.
-Ya, pero yo también me debo a un equipo que me paga y para esa fecha querré ver resultados. Me gustaría verme adelante porque llegaría a Pekín con buenas sensaciones. En realidad me lo juego todo a una carta. He planteado así mi temporada y espero no equivocarme.
-Ya conoce el trazado, ¿cómo va a entrenarse?
-Hacer mucha carretera me vendrá muy bien.





