
LOS AROMAS MÁS COMUNES
No es necesario que nos alejemos demasiado de nuestros pueblos y ciudades para descubrir las fragancias insuperables de tomillos, aulagas, lavandas, romero, jaras La Rioja Baja, zona de influencia climática mediterránea, ofrece parajes idóneos para disfrutar de paseos primaverales llenos de sentido, en este caso, de sentido olfativo. Una buena opción, por ejemplo, es el valle del Alhama. Un paseo por cualquiera de sus pueblos, Cervera del río Alhama, Aguilar del río Alhama o Inestrillas, proporcionará al caminante la oportunidad de disfrutar tanto de la naturaleza, en todo su es-plendor primaveral, como de recursos culturales de gran relevancia como es el caso del yacimiento arqueológico de Contrebia Leukade.
Rutas señalizadas
Además existen distintas rutas señalizadas por la zona, una de ellas es el denominado Camino Verde del Alhama que discurre entre las localidades de Aguilar del río Alhama y el Balneario de la Albotea, en Cervera. Se trata de una ruta de unos 12 kilómetros que transcurre paralela a la ribera del río Alhama, entre cortados rocosos donde anidan numerosos buitres. Tanto en esta zona de La Rioja como en muchas otras de la Península Ibérica, los aromas y perfumes de las plantas aromáticas han sido utilizados por el hombre desde hace miles de años. Ya en el antiguo Egipto se cultivaban plantas como el incienso y la mirra para elaborar ungüentos que usaban tanto en el aseo personal como en el embalsamamiento de sus muertos. En nuestra gastronomía no faltan los guisos y platos condimentados con plantas aromáticas y, quien más o quien menos ha echado mano alguna vez de remedios caseros realizados con plantas campestres, como por ejemplo, el tomillo, conocido como el antibiótico de los pobres por su poder desinfectante.
La palabra perfume deriva de los términos latinos per, 'a través', y fumare, 'humear' o echar humo, debido a la ancestral costumbre de quemar maderas o plantas olorosas como ofrenda a los dioses. Costumbre que se fue extendiendo, siendo adoptada por egipcios, griegos y romanos y, aún hoy, se sigue practicando en religiones orientales como la budista e hinduista, e incluso en la iglesia cristiana durante las grandes celebraciones, en las que se quema incienso.
Pero no hace falta que nos vayamos muy lejos, en Arnedillo celebran una curiosa tradición, que se celebra a finales de noviembre, y que consiste en colocar en lugares estratégicos del pueblo montículos de romero y boj mojados, para que al ser encendidos desprendan humo. Las hogueras son atizadas con un romero húmedo desprendiendo un espeso y aromático humo. Y en algunos pueblos del valle del Iregua, los agricultores recogían lavanda para venderla a destilerías que utilizaban la esencia de la planta con fines cosméticos.






