
Y es que aquella frase que pronunció el año pasado explicando las razones de su regreso -«vivir sin torear no es vivir»- contrasta con los comentarios en los que se le acusa, incluso, de cierto ánimo suicida en los planteamientos de sus faenas. Sin embargo, Boix tiene su propia visión: «José Tomás basa su entereza en su honestidad. Asume su compromiso como torero cada tarde al cien por cien y eso es sinónimo de aceptar un riesgo muy evidente y claro, jugarse la vida». Salvador Boix relata también la forma en la que vive su relación con el torero: «Claro que me impresiona su forma de desenvolverse, su entrega, pero él es así y no se le puede cambiar. Yo me limito a ayudarle, a acompañarle y a darle ánimos».
Otra cuestión es la forma en la que el propio matador asume las cornadas: «Las ve como algo normal, como un tributo necesario que hay que pagar por ser torero. Sin más. De verdad que no les da mayor importancia». Y es que a Boix le duele que sólo se hable de José Tomás en esos términos porque «él no ha inventado la herida por asta de toro; ni el no mirarse cuando es volteado; todo eso son códigos que están inmersos en el ADN de la propia fiesta y desde luego que es una falsedad que lo cojan en todas las corridas».
El apoderado catalán, sin embargo, subraya la evolución de su tauromaquia: «En Jerez con el primer toro logró momentos bellísimos y la faena destacó por su hondura. Le dieron las dos orejas y le pidieron el rabo. Entonces, salió el segundo astado, que demostró sus complicaciones desde el primer momento y José Tomás, que ya tenía el triunfo en la mano, decidió apostar de nuevo. Ésa es la auténtica medida de su compromiso, de su valor en el ruedo».





