
- ¿Cómo era la Cámara que conocieron por primera vez en 1987?
- Alberto Olarte: Yo había sido concejal del 83 al 87 y venía con una inmensa energía. Acabábamos de ganar al PSOE en Haro por mayoría absoluta y de repente me vi pasando de los plenos municipales de Haro a intervenir en una institución ocupada por políticos de renombre que veías todos los días en el periódico y que contagiaban un enorme respeto.
- Pablo Rubio: En mi caso también llegué con una experiencia previa en el Gobierno de José María de Miguel. En lo político fue una época muy intensa. Veníamos de la transición y el Parlamento carecía de un rodaje previo. Había que ir fijando muchas cosas, construyendo la propia Comunidad Autónoma. Y ese papel, de pronto, recayó en gente como Alberto y yo.
- ¿Qué momento de estos 21 años recuerdan con mayor intensidad?
- Ambos: La moción de censura contra Joaquín Espert.
- A. O: Generó una expectativa descomunal que devino en una enorme polémica tanto dentro el hemiciclo como en la calle. Todo fue tensión en aquel Pleno que se celebró en enero del 90 y que el público asistente y las intervenciones convirtieron en una auténtica olla a presión.
- P. R: Así es. En general, aquella resultó una legislatura extremadamente convulsa. Sin embargo, más allá de las diferencias políticas, la relación personal entre los diputados era buena. Ejemplo de ello fue el tono conciliador y elegante del discurso final del entonces portavoz González Garnica.
- ¿Por qué fase pasan en estos momentos ese vínculo entre los diputados de los tres grupos?
- P.R: Sin ninguna duda, las relaciones personales dentro de la Cámara atraviesan el peor momento de su historia. En los últimos años se ha producido un progresivo deterioro que lleva a situaciones realmente incómodas.
- A. O: Estoy de acuerdo, pero también es verdad que esa crispación no es exclusiva del Parlamento y afecta a toda la clase política. No hay más que ver el tono que se emplea en los debates de cualquier ayuntamiento, desde el más grande hasta el más pequeño, en el Congreso...
- Tanto tiempo en el escaño les ha permitido vivir el debate desde el lado de las bancas azules y el de la oposición. ¿Qué diferencias hay?
- A. O: A mí me gusta mucho el lado del Gobierno. Nuestra tarea como diputados es la de ejercer de resorte de su acción y las nuevas tecnologías facilitan esta tarea. Ahí sí que se aprecia la evolución. En los primeros años escribíamos las intervenciones en máquina de escribir y todo eran llamadas de teléfonos, búsquedas en hemerotecas y un trabajo casi artesano.
- Pablo Rubio: Sí que es más cómodo ejercer como diputado en el Gobierno, pero también se trata de un papel mucho más secundario. Esa prevalencia del Ejecutivo hace que el resto de las instituciones, y entre ellas esta Cámara, se supediten casi totalmente, y mucho más con mayorías absolutas. Eso se aprecia también en los medios, ya que en 25 años los parlamentos no han avanzado al mismo ritmo que los gobiernos.











