No es por cuestionar a la autoridad ezcarayense pero, por más que me pongo y salvando todas las distancias, no alcanzo a imaginar a Ruiz Gallardón sancionando a todo el Rastro dominguero por guarrón o al nuevo alcalde londinense mandando al guano a los mercaderes de Portobello por un «quítame allí estas pajas que te sopapeo».
Ellos, los munícipes mandantes, sabrán lo que de bueno aporta el mercadillo al atractivo de la intitulada primera villa turística de La Rioja. A servidor, ni le va ni le viene más allá de algunas compras fútiles y ocasionales. Ahora bien, puestos a preocuparse por su municipio les sugiero un ataque radical y por derecho a la 'gamberruría' que hace del descanso nocturno vecinal una aspiración quimérica; les invito a que se muestren así de rijosos con las acémilas que campan y acampan cada fin de semana por las calles de la localidad; les demando, en fin, que acaben de una vez con las acémilas que lo mismo se entretienen en joder los coches de la vecindad que en garabatear paredes con estupideces insultantes. Ahí tienen curro.












