REAL MADRID 4 - BARCELONA 1
El día y la noche. Resulta difícil, por no decir imposible, recordar un partido de esta Liga en el que el Real Madrid fuera tan superior a su adversario en Chamartín como frente al Barça. Si algún osado pensaba que después de hacer pasillo al campeón con exquisita deportividad los azulgrana tratarían de salvar su orgullo en un ejercicio de dignidad sobre la cancha, se equivocó de pleno. Sus jugadores están deprimidos, rotos, sin alma, hipotensos, esperando que acabe el martirio y sin intención de pelear la segunda plaza.
Todo lo contrario que los blancos, felices, eufóricos, henchidos de gozo y con un Raúl pletórico, dispuesto a dejarse hasta la última gota de sudor con tal de que Aragonés no pueda olvidarle. Y como el fútbol es un estado de ánimo, el Madrid jugó a placer y entró como Pedro por su casa hasta las mismas narices de un Valdés dubitativo, impreciso, nervioso, destrozado. Tocó al primer toque, rompió por banda una y otra vez y jugó en plan exhibición.
Schuster le ganó la partida a Rijkaard. Dio plena libertad a Robben. Gago, espléndido, fue el único pivote, Guti, el amo con la colaboración inestimable de Sneijder, y Diarra tuvo arrestos para robar e irse arriba como si tuviera clase. Enfrente, un equipo partido, con cuatro arriba, cuatro atrás y dos, Xavi y Touré Yayá, perdidos en el medio, ya que Gudjohnsen se fue a la ducha en cuanto el Madrid firmó el segundo.
Tras unos minutos de cierto tanteo, Raúl volvió a dejar claro que es el más listo de la clase. Mientras los rivales reclamaban tímidamente una falta de Guti a Márquez, el capitán se encontró un balón suelto y lanzó un zurdazo con rosca desde la frontal que superó a Valdés y entró tras golpear en el palo. 18 dianas en Liga.
El Bernabéu era un clamor. Ocho minutos después, Guti lanzó una falta y Robben, como en Pamplona, cabeceó sin oposición. Dos en cuatro días. Cosas del loco mundo del fútbol. Y el ataque del lentísimo Barça, sin noticias.
Higuaín sale a escena
Poco cambió el panorama en la reanudación.Schuster brindó la media hora final a Higuaín, el autor del gol del alirón en el Reyno de Navarra, y el argentino marca un golazo nada más salir. Diarra le robó la cartera al atolondrado Giovani, se internó como un superclase, la puso de cine y el Pipa definió como los ángeles.
El público, entregado a la causa, pedía la manita entre olés. Volvía Van Nistelrooy y pronto marcaba de penalti tras golpear con las manos Puyol un centro del zigzagueante Robinho.
Messi buscó el del honor pero Iker se lo impidió en dos ocasiones. Al final lo consiguió Henry, quizá el que menos se lo merecía. El Madrid disfrutó de una orgía de fútbol y goles y el Barça firmó un ridículo histórico.





