
SITUACIÓN
Sistemas para producir ruidos o la instalación de repelentes en las viñas son algunos de los métodos que, aunque alejan a los corzos, no resultan del todo efectivos y los animales continúan alimentándose del fruto.
La Sociedad Riojalteña de Caza y Pesca ha recibido en el último mes numerosas quejas de los agricultores de Haro por los daños que las poblaciones de corzos están ocasionando en las viñas. La entidad se puso en contacto con Medio Natural para llevar a cabo las medidas oportunas. Desde el Gobierno de La Rioja han autorizado dos recechos para poder matar, como máximo, cuatro hembras de corzo. Una medida que a los agricultores no les parece suficiente.
La Sociedad Riojalteña ha emitido un comunicado en el que manifiesta que «no se pueden desarrollar los controles necesarios conforme a los informes técnicos previstos por el coto deportivo, debido a las restricciones que se dan en las autorizaciones previstas desde Medio Natural, no teniendo en cuenta ni los inventarios ni las propuestas técnicas de control de poblaciones solicitadas desde el coto en las áreas críticas de cultivo de viña con presencia de estos animales».
La entidad reconoce que las restricciones a la gestión suponen «una incapacidad de los cotos para poder regular las poblaciones de caza». Este hecho, según la sociedad de cazadores, está ocasionando un incremento de los daños y «la imposibilidad, por parte de los titulares, de prevenir y atenuar los perjuicios» que el corzo viene provocando desde los últimos años en los viñedos.
La Sociedad Riojalteña de Caza y Pesca considera que el malestar de los agricultores es justificado «viéndose los cotos limitados por la propia Consejería al no tener en cuenta las reclamaciones y peticiones avaladas por los propios técnicos y la guardería».











