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-¿Cuál es la situación que vive actualmente un médico de familia en La Rioja?
-La constante es el aumento del trabajo. El número de pacientes aumenta, la población cada vez está más envejecida, las exigencias asistenciales crecen. En el medio rural, el problema no es tanto de cupos como de desplazamientos y capacidad resolutiva, mientras que en Logroño las trabas con cuantitativas. Algunos centros de salud como Rodríguez Paterna y Gonzalo de Berceo están en cupos de entre 1.500 y 1.600 pacientes, pero la mayoría rondan los 1.800 y en algunos casos se superan los 2.000.
-¿Es diferente esta coyuntura a la que se vive en el resto del país?
-La situación aquí es moderadamente mejor. En política de recursos humanos la oferta pública de empleo ha sacado plazas prácticamente todos los años y se ha respetado el baremo con el título de medicina de familia. Por otro lado, también es cierto que en infraestructuras se ha gastado dinero con los nuevos centros de Siete Infantes, Cascajos, Arnedo, Haro o Nájera. La cuestión, sin embargo, es mucho más honda. Tiene un carácter estructural y afecta al estatus de los médicos de familia y a la falta de profesionales en la mayoría de especialidades.
-Una escasez que se constata en el alto número de vacantes de MIR para medicina familiar en La Rioja en la última convocatoria.
-Ha sucedido algo similar en el resto de España. ¿Por qué? Se trata de una rama con escaso prestigio en el sentido de que tiene una repercusión mediática menor que otras especialidades. Además, a nivel universitario hay mucho desconocimiento, ya que que no existe medicina de familia como asignatura y los alumnos centran sus prácticas en los hospitales universitarios. Así, cuando pasan el examen MIR muchas veces no escogen medicina familiar simplemente porque no saben en qué consiste.
-¿Qué solución proponen?
-Habría que actuar en muchos frentes. A nivel académico, los decanos deberían abrir la puerta en vista del aumento de la demanda. Por su parte, las administraciones están obligadas a establecer una estrategia global que huya de parches y fije una política de recursos coherente, sensata y a medio y largo plazo. Eso implica actuar en el Consejo Interterritorial, estableciendo unos mínimos nacionales y superando los 17 reinos de taifas en que se han convertido las comunidades donde los medios y sobre todo las retribuciones varían, convirtiendo la contratación de médicos en una 'guerra' donde los profesionales de una región se marchan a otra porque están mejor pagados.
-La escasa consideración social del médico de familia contrasta con el aprecio de los pacientes.
-Lo dicen todas las estadísticas. La clave es que aún no se ve al médico de familia como a un especialista, cuando su rango es el mismo que un cardiólogo, un neurólogo o un cirujano vascular.












