Todos los vecinos se mostraban sorprendidos con la noticia de la detención del matrimonio, si bien algunos coincidían en señalar que les había resultado «extraño» que «un empleado de una compañía telefónica pudiera construirse los dos edificios tan costosos», que están situados a la entrada del municipio.
La relación de esta pareja con el resto de los habitantes de Jubera era mínima. Apenas tenían contacto. Algunas veces coincidían en el único bar que hay en el pueblo. Saludaban con educación y nada mas.
Por su parte, el alcalde de Jubera, Óscar Fernández, aseguraba ayer que en ningún momento sospechó de lo ocurrido con la pareja. «El único contacto que he tenido con ellos -explicaba- fue cuando solicitaron los permisos para la construcción de las obras que han realizado en su casa y, cuando una vez compradas las fincas situadas en el monte junto a la casa, comenzaron a construírse en ellas una gran lonja».











