Afortunadamente, F.N.G. ni sufrió ni provocó accidente alguno, como los muchos que se repiten cada fin de semana en las carreteras españolas con trágicos resultados. Pero ello no debe restar trascendencia a su infracción ni convertir en anécdocta juvenil la que fue una «azaña» cargada de insensatez y de locura. El esfuerzo de la Administración para reducir la siniestralidad en la carretera necesita tanto de medidas sancionadoras como de iniciativas educadoras que calen en el colectivo que se muestra menos permeable a los mensajes que invitan a incrementar la seguridad en la circulación.





