
Pueblos enteros han sido borrados del mapa y se han perdido las vitales cosechas de arroz por los vientos huracanados de hasta 200 kilómetros que soplaron el viernes por la noche y el sábado en el delta del mítico río Irrawaddy (Ayeyawaddy) y en Yangón (Rangún), la principal ciudad del país.
Las impactantes imágenes que llegan desde Birmania revelan las dimensiones bíblicas de esta catástrofe natural, la más grave desde el tsunami que barrió las costas del Índico y mató a 230.000 personas en diciembre del 2004 y, en su categoría, el peor ciclón desde el que se cobró 143.000 vidas en Bangladesh en 1991.
Desde el espacio, fotografías tomadas por los satélites de la NASA muestran la costa de Birmania anegada bajo las aguas. Más cerca del desastre, un ayudante de la oenegé cristiana World Vision aseguró a la agencia France Presse que «desde los helicópteros se ven arrozales enteros plagados de cadáveres».
Y lo peor, seguramente, está por venir, ya que va ser muy difícil repartir la escasa ayuda humanitaria que ha entrado en el país por los escasos medios disponibles. Es el caso de 800 toneladas de víveres enviadas por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU y de unas partidas de arroz que, según presenció un cámara de la agencia Reuters, fueron descargadas a mano por la falta de maquinaria.
Para colmo, han quedado inundadas o están impracticables buena parte de las carreteras de las zonas afectadas. En total, ocupan 30.000 kilómetros cuadrados a lo largo del mar de Andaman y del golfo de Martaba. Aunque dichas regiones suponen menos de un 5% de la superficie del país, en ellas viven casi un cuarto de los 57 millones de habitantes de Myanmar (Birmania).
Debido a esta elevada densidad de población, se calcula que el número de víctimas mortales podría seguir creciendo hasta las 50.000 personas. «El 95% de las casas de Bogalay, en la división de Ayeyawaddy, han quedado destruidas en esta ciudad, donde han perecido unas 10.000 personas», explicó el ministro de Bienestar, Maung Maung Swe.
Tsunami fluvial
Además, este miembro de la Junta Militar reveló que «mucha gente murió engullida por olas de hasta tres metros y medio». A medida que se van conociendo más detalles sobre el infierno que sufrió Birmania el fin de semana, más espeluznante resulta la tragedia, ya que el fuerte viento levantó una incontenible marea en la bahía de Bengala que se coló en el delta del río Irrawaddy, tragándose a su paso las embarcaciones de los pescadores y las rudimentarias casas de los campesinos, con ellos dentro.
Una especie de tsunami fluvial que ha sembrado la ría de cuerpos humanos, que suponen una nueva amenaza para los supervivientes porque el húmedo calor reinante en la zona acelerará su descomposición y agravará el riesgo de enfermedades por la falta de agua potable.
En Rangún, cuyas calles están bloqueadas por gigantescos árboles arrancados de raíz y postes eléctricos o telefónicos caídos, la gente se queja de que el Ejército sólo limpia los barrios donde vive la élite de la ciudad, mientras que los ciudadanos de a pie intentan recobrar una normalidad que tardará mucho tiempo en volver.











