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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 julio 2008

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Mustapha, el mejor embajador de La Rioja en Mauritania
"Compartir estos años con Mustapha ha sido una experiencia maravillosa", dice su madre riojana de acogida
07.05.08 - 17:12 -

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Mustapha tiene 9 años y es de N´djawaldi Boully, una villa al sur de Mauritania. Lo de la edad, es algo aproximado, puesto que cuando llegó a España, tuvo que ser un dentista quien aproximara los años que tiene el chaval. Por eso, como la familia que le acogió en La Rioja no sabía cuándo era el cumpleaños del pequeño, celebraron unos cuantos durante los 2 años que 'Musta' (como le llaman sus amigos riojanos) pasó en Logroño, porque esas fiestas con sus amigos le volvían loco.
Mustapha llegó a España el 27 de abril del 2005, con tan sólo 8 años, 12 kilos y 93 centímetros acostado (no se podía poner de pie). Venía asustado, pero el piloto y las azafatas voluntarios que viajaron con él le hicieron el viaje algo más llevadero. Cuando llegó a Pamplona (tuvo que hacer varias escalas hasta llegar a la capital navarra), le esperaban impacientes Carmen, José y sus tres hijos, la familia de acogida para Musta en La Rioja. La primera noche, tras estar un rato con su nueva familia, la pasó en la clínica en la que más tarde le harían las tres operaciones que necesitaba para poder andar, todo gracias a personal voluntario. Aún era muy pronto y Musta tenía que adaptarse a su nueva situación así que el doctor que iba a operarle decidió esperar a después del verano para que el pequeño estuviera más fuerte y más preparado para soportar la intervención quirúrgica.
Cuando llegó a España, Musta no conocía nada de lo que se iba a encontrar aquí, todo era totalmente nuevo para el: la luz, el agua corriente, comer con cubiertos (en su país es costumbre comer con las manos)... pero "su adaptación fue sorprendentemente rápida, especialmente con el idioma que aprendió en tan sólo dos meses", recuerda Carmen. Eso sí, el mejor invento para Musta durante esos meses hasta llegó la primera operación fue la bicicleta. Con ella podía trasportarse cómodamente de un lado para otro y en el parque le ayudaba a sentirse como uno más con el resto de los niños.
El problema principal de Mustapha era un grave raquitismo a consecuencia de la falta de calcio. Cuando acabó el verano, llegó la primera operación que se centró en las tibias, y a partir de ahí comenzó la etapa más dura para Mustapha porque pasarían unos 7 meses hasta que sus piernas estuvieran igualadas. El camino hacia la segunda operación fue un proceso muy doloroso. En esta segunda intervención le quitaron los hierros que le habían colocado en la primera. Durante todo ese tiempo tuvo que ir en silla de ruedas, algo que fue muy duro para él porque siempre dependía de alguien. Fue en esta etapa, cuando empezó a ir al colegio y comenzó a hacer nuevos amigos (especialmente su mejor amigo Jonathan).
Finalmente, la última operación consistió en igualarle los fémures. Así, hubo que enseñarle a andar de nuevo, puesto que Musta nunca se había podido poner de pie de manera normal. Por ello tuvo que realizar una larga rehabilitación porque, como consecuencia de sus problemas en las piernas, tenía la espalda curvada. Fue durante su rehabilitación cuando conoció a otro de sus mejores amigos y una de las personas a las que más echa de menos, su fisioterapeuta, Pepe.
“Compartir estos años con Mustapha ha sido una experiencia maravillosa”, comenta Carmen y añade: “Nos ha enseñado a valorar las cosas”. “Ha vivido intensamente, se adaptaba a todo y no se quejaba de nada”. Para esta familia, la experiencia de acoger a Musta y de compartir tantas cosas con él es inolvidable. Desde el primer momento tuvieron claro que no era una adopción, “viene a curarse, pero en Mauritania tiene a su familia”, “esto le ha ayudado a integrarse mejor en su país”. Lo más importante para la familia de acogida es que el niño pasa a formar parte del hogar y eso les marca. “A los niños que vienen hay que tratarles como a un hijo, hay que ayudarles y es algo muy bueno para la familia”, detalla Carmen con nostalgia. Por eso, es importante intentar llevar una vida normal, a la que se puedan integrar sin problema.
Mustapha regresó hace ya unos meses a Mauritania. Y el hueco que ha dejado en la familia riojana que lo acogió en su día para realizar su tratamiento está vacío. Pero la familia es consciente de que “ahora está donde tiene que estar, pero intentamos ayudarle para que no les falte lo básico”. Por eso, desde que Musta se fue en septiembre del año pasado, esta familia está haciendo todo lo posible para ayudar tanto a Musta como a su pueblo.
No han faltado desde la marcha de Mustapha a su país natal las visitas de esta solidaria y discreta familia riojana. De hecho, en el último viaje que realizaron para visitar al pequeño, junto a dos médicos y un ingeniero agrícola, todos voluntarios, y gracias al el dinero recaudado de familiares y amigos, pudieron comprar una vaca, un burro y les hicieron un grifo en el pozo del que obtienen el agua para que las mujeres no tuvieran que realizar sin ninguna ayuda tan duro trabajo. De esta manera, esta familia intenta ayudar a Musta y a su gente en todo lo que pueden.
Carmen afirma muy convencida que “el niño te aporta más a ti que tu a él, tu le das lo que tienes, no es un esfuerzo”. Además toda la familia coincide en que les ha unido mucho porque gracias a Mustapha todos tienen “algo en común”. Para Carmen y José es “como un hijo”, y para Musta, todos ellos son su “otra familia”.
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