Dentro de la carta de navegación de este barco se situaba como una de sus primeras singladuras la que nos llevaría a un puesto destacado en el comercio nacional: 'Logroño, primera ciudad comnercial de España'. Como la vida misma, el barco no podía quedarse varado en seco y prosiguió viaje hacia nuevos destinos; pero he aquí que desde hace un año se designó para este barco un nuevo capitán y, como suele ocurrir cuando se dan cambios en la capitanía, estos deciden seguir o cambiar de rumbo, de modo que este nuevo capitán decidió cambiar la tripulación y encaminarla hacia el proyecto 'Logroño vivo'. Esta travesía está resultando larga en exceso ya que después de un largo peregrinar por un océano de dudas, acuerdos y desacuerdos que se extienden a lo largo de 11 meses, donde la unidad de los comerciantes se está rompiendo, no ha conseguido llegar a ningún puerto y aunque existían en cuaderno de bitácora una serie de singladuras llamadas «más subvenciones para el comercio», «dinamización de una ciudad completa», etc., con el paso del tiempo hemos descubierto, «medio mareados por el fuerte temporal», que el barco estaba navegando al pairo, cosa que no es de extrañar ya que, un barco sin capitán ¿adónde puede ir? Resumiendo, no sólo no se ha cumplido el plan de viaje previsto, sino que todos los indicios apuntan a que estamos navegando a la deriva.
Creo sinceramente, que ha llegado el momento de que los responsables del barco, a los que por herencia democrática les corresponde gobernarlo, se hagan con el timón, planteen una nueva carta de navegación, cambien las coordenadas y sobre todo dirijan con mano y rumbo firme la proa hacia logros concretos para nuestro comercio. De no ser así, y con el temporal que se está divisando en los nubarrones que se perfilan en el horizonte económico, el comercio de Logroño lo va a pasar muy mal y no sería de extrañar que el barco se hundiese.





