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RSS | ed. impresa | Regístrate | 8 septiembre 2008

Sociedad

SOCIEDAD
Cuatro suspiros de Miura
La plaza de toros del Aldeanueva de Ebro se llenó ayer para celebrar el primer concurso de recortadores disputado frente a cuatro imponentes vacas de la legendaria divisa de Miura
05.05.08 -

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Cuatro suspiros de Miura
POR LA ESPALDA. Los recortes a las vacas de Miura estuvieron llenos de emoción y cercanía. / DÍAZ URIEL
La primera vaca de Miura se hizo presente en el coqueto ruedo de la plaza de Aldeanueva con un fulgor atávico. Tenía el pelo castaño oscuro, casi tostado, era un puntito girona y una caprichosa mancha blanca le recorría el abdomen. Quizás lo recoleto de la plaza, que estaba casi llena, multiplicaba su figura y por eso y su azarosa leyenda, la inconfundible estampa de este bello astado nacido en Zahariche -histórica finca donde pastan los impredecibles toros de Miura- causó admiración en los tendidos.

Y en un suspiro saltó a la candente un recortador de Teruel. Le llaman 'Langosta' y con una parsimonia heredada directamente de Don Tancredo recortó a la pupila miureña en apenas un baldosín. Un segundo después, la fibrosa vaca, al sentirse burlada, se lanzó con todo su brío a por 'Langosta', que fue levemente empitonado cuando buscaba el refugio de las tablas, a las que llegó casi sin resuello.

Pudo haber sucedido lo peor y a pesar de todo, el valiente torero deleitó con dos nuevos recortes en los que volvió a dejarse ver desde lejos, aguantar mucho y ejecutar la suerte un nanosegundo antes de que se materializara la cornada. No entró en la final porque se lo llevaron en ambulancia junto al arnedano Óscar Morales, empitonado levemente por la segunda res al ejecutar un quiebro de rodillas, pero dejó sentada su maestría y una forma de andar por el ruedo que marca diferencias.

La segunda vaca de la tarde lucía un pelo cárdeno muy oscuro y salió como una espoleta desde los chiqueros. Sembró el desconcierto en los inicios de su lidia porque casi salta al callejón pero a medida que fue asentándose en el ruedo regaló un sinfín de dulces embestidas a los recortadores, que hicieron las delicias de un público que disfrutó al máximo con suertes tan bellas como el salto del ángel, en el que el lidiador sobrevuela como un aeroplano la anatomía de la vaca saltando frente a ella cuando viene arrancada, la mayor parte de las veces aprovechando su querencia natural hacia chiqueros. Pero hubo más: saltos con la garrocha, al alimón y un frenesí de quiebros limpios, recortes de espaldas, circulares e invertidos que lograron que nadie se levantara de su asiento en las dos horas largas que duró el exitoso festejo.
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