
Y en un suspiro saltó a la candente un recortador de Teruel. Le llaman 'Langosta' y con una parsimonia heredada directamente de Don Tancredo recortó a la pupila miureña en apenas un baldosín. Un segundo después, la fibrosa vaca, al sentirse burlada, se lanzó con todo su brío a por 'Langosta', que fue levemente empitonado cuando buscaba el refugio de las tablas, a las que llegó casi sin resuello.
Pudo haber sucedido lo peor y a pesar de todo, el valiente torero deleitó con dos nuevos recortes en los que volvió a dejarse ver desde lejos, aguantar mucho y ejecutar la suerte un nanosegundo antes de que se materializara la cornada. No entró en la final porque se lo llevaron en ambulancia junto al arnedano Óscar Morales, empitonado levemente por la segunda res al ejecutar un quiebro de rodillas, pero dejó sentada su maestría y una forma de andar por el ruedo que marca diferencias.
La segunda vaca de la tarde lucía un pelo cárdeno muy oscuro y salió como una espoleta desde los chiqueros. Sembró el desconcierto en los inicios de su lidia porque casi salta al callejón pero a medida que fue asentándose en el ruedo regaló un sinfín de dulces embestidas a los recortadores, que hicieron las delicias de un público que disfrutó al máximo con suertes tan bellas como el salto del ángel, en el que el lidiador sobrevuela como un aeroplano la anatomía de la vaca saltando frente a ella cuando viene arrancada, la mayor parte de las veces aprovechando su querencia natural hacia chiqueros. Pero hubo más: saltos con la garrocha, al alimón y un frenesí de quiebros limpios, recortes de espaldas, circulares e invertidos que lograron que nadie se levantara de su asiento en las dos horas largas que duró el exitoso festejo.





