
Los conocidos 'picaos' de San Vicente, movidos por la fe y la devoción, se arrodillan ante la imagen de la Virgen y comienzan su particular penitencia. El ritual es el mismo que durante las procesiones de Semana Santa, pero acompañados por menos gente. Un acto más intimista y más profundo que infunde un sentimiento de recogimiento. Los primeros disciplinantes se destaparon la espalda en lo alto del Calvario y comenzaron a golpear la parte descubierta con la madeja. Las cuerdas cortando el viento y el impacto sobre la piel se intercalaban con los cánticos religiosos y las plegarias que acompañan la procesión. Tras una serie de golpes, los cofrades de la Vera Cruz pincharon las espaldas de los picaos para dejar brotar la sangre y finalizar con el acto de penitencia.
Desde lo alto hasta la subida a la iglesia, los disciplinantes se fueron incorporando durante todo el recorrido. En total, cerca de media docena de picaos y tres marías, que con la cara tapada con puntillas y descalzas, seguían a la Dolorosa. Finalizados los actos de la Cruz de Mayo, ahora sólo queda esperar al domingo 14 de septiembre, Exaltación de la Cruz, fecha en la que los picaos y las marías volverán a procesionar.











