
Un año después, los expertos y aficionados han analizado este fenómeno en profundidad, llegando a la conclusión de su excepcionalidad, más por la peculiaridad de estar acompañado al día siguiente por nieve en La Rioja y Aragón. La posibilidad de que pueda darse un tornado en La Rioja es muy remota, a diferencia de en las llanuras de Teruel o los contrastes del litoral cantábrico, pero pudo facilitarlo la conexión que supone Arnedo entre la depresión del Ebro y la Ibérica, recibiendo el choque de aire frío de las zonas altas con caliente de las llanuras.
Frente contra frente
Predecir un tornado es muy complicado, por lo que evitar los daños materiales que produjo fue prácticamente imposible. A posteriori, los expertos han analizado la situación meteorológica de aquella jornada y han llegado a conocer al detalle sobre los mapas cómo se produjo.
En los niveles altos de la troposfera, a 5.000 metros de altura, una depresión con 22 grados bajo cero dio lugar a una apertura en vientos de altura que permitió abrir su movimiento vertical. En esos momentos, Arnedo vivió el choque de un alto contraste de temperaturas, con diferencias de ocho grados en una distancia muy breve entre dos frentes, uno frío y otro cálido.
Aunque intensa en sus quince minutos, la tormenta no fue significativa y apenas cayeron 18 litros. Pero la convergencia de los vientos estaba muy marcada entre el viento del este del valle medio del Ebro con los vientos del noroeste cantábrico y suroeste. «Fue un frente frío que encontró en superficie aire caliente, lo que permite desarrollos verticales con más facilidad», explica Rafael Requena Briones, del Centro Meteorológico Territorial de Aragón, La Rioja y Navarra.











