
La devolución de las aves a la remozada hornacina fue materializada por el presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas, Miguel Ángel Muñoz, y el secretario, Marcial Tarín, en un gesto de justicia y agradecimiento hacia el colectivo que ha financiado los 53.521 euros que han costado los trabajos realizados por el Taller Diocesano, cuyo director, José Antonio Saavedra, explicó someramente la intervención.
El párroco y canónigo de la catedral, Francisco José Suárez, elogió la generosidad de los administradores de fincas, a los que, con anterioridad a la bendición del gallinero, obsequió con un cuadro con la popular leyenda,
También intervino, emocionado, el cuidador del gallo y la gallina, Víctor Galán, quien, dentro de una cesta, portó a las aves hasta la catedral como parte de una amplia comitiva que atravesó el Casco Antiguo precedida por la Banda Municipal de Música, y que, al llegar al templo, fue recibida por un grupo de danzas vasco. Estos actos formaban parte del programa que cada año acompaña a la renovación de la ofrenda al Santo, su patrón, por parte de los administradores de fincas, pertenecientes, en esta XXXVIII edición, a los Colegios Territoriales de Guipúzcoa y Álava.
Antes de acceder al templo, Miguel Ángel Muñoz resaltó, en nombre de todos los administradores, su satisfacción «por haber contribuido a enaltecer la grandeza de la catedral mediante la renovación, para los próximos 150 años, por lo menos, de un símbolo único en España, y no sé si en el mundo, como es el gallinero».
Importante patrimonio
El alcalde, Agustín García Metola, agradeció esta aportación, a la que definió como «enormemente entrañable y significativa por todo lo que ha supuesto, supone y supondrá el milagro del gallo y la gallina en la historia de Santo Domingo de la Calzada». Añadió que «para los administradores de fincas tiene que ser un gran orgullo, y les agradecemos que hayan restaurado una pieza clave de nuestro patrimonio». A estas palabras se sumó el prior de la cofradía del Santo, José Rioja.
No habrá otras aves que acaparen tanta atención como las dos residentes en la catedral, de la que se dice que es la única del mundo con permiso de la Iglesia católica para albergar animales vivos. Una espectadora de su devolución al gallinero se compadecía de ellos. «¿Tienen que estar ahí toda la vida?», preguntó. No. Cada una o dos semanas son reemplazados por otras para que, dadas las reducidas dimensiones del habitáculo, no se estresen demasiado.












