
Todo comenzó con una sencilla cena de matrimonios sin niños. Kate y Gerry McCann, unos reputados médicos británicos, optaron por dejar a sus hijos, Madeleine y los gemelos Sean y Amelie, de dos años, dormidos en la habitación del hotel, dado que la cita era un restaurante próximo, dentro de la misma urbanización donde permanecían alojados.
Hasta cuatro veces regresaron los doctores al apartamento para ver cómo dormían los niños. A la quinta saltó la alarma. Madeleine había desaparecido. No había sido forzadas la puertas ni las ventanas. Tampoco faltaban los escasos objeto de valor que una persona lleva cuando está de vacaciones. Todo esto reforzó la tesis de un secuestro, en el que los captores actuaron sin despertar a los gemelos.
Denunciados los hechos, la Guardia Nacional Republicana y la Policía Judicial portuguesa desplegaron un importante dispositivo en busca de la niña. La Armada también fue movilizada para peinar las costas del Algarve por si el cuerpo hubiera sido arrojado al mar. Nada. Ni una pista, ni una reivindicación, ni un comunicado.
El matrimonio McCann desplegó una vasta campaña mediática para buscar a su hija, lo que les llevó hasta el Vaticano, donde el papa Benedicto XVI les dio su bendición. Como católicos practicantes también visitaron Fátima antes de iniciar una gira por medio mundo para solicitar la movilización pública en busca de su pequeña.
Por su parte, los investigadores detuvieron al británico Robert Murat, pero tuvieron que dejarlo en libertad. Este no fue identificado por Jane Turner, amiga de los McCann, que la noche que despareció Madeleine vio a un hombre cerca del apartamento con algo rosa, acaso un pijama, envuelto en una manta.
En el apartamento
Tres meses después de la desaparición, Scotland Yard envió al Algarve perros adiestrados en la búsqueda de rastros de personas. Los animales identificaron lo que parecía sangre o restos de un cadáver en el apartamento del 'Ocean Club' de los McCann y en el vehículo que habían alquilado. Esta pista reforzó la hipótesis de que la niña podría haber muerto antes de ser sacada de la habitación. Sin embargo, los restos no pudieron ser relacionados con el ADN de la menor.
Los expertos trabajaron con la premisa de que la niña habría muerto durante el forcejeo con el extraño que entró en la habitación y que intentaba hacerla callar. La versión de un hombre cargando en brazos con un niños, envuelta en una manta, apoya esta línea de trabajo. Pero sólo como hipótesis.
En septiembre, tras los últimos hallazgos, los investigadores portugueses interrogaron a los McCann por separado.





