Todo un detalle por parte de Bush, que si consigue el visto bueno otorgará unos meses de respiro a su sustituto en la Casa Blanca antes de tener que imponer una nueva política en lo que a ambos conflictos bélicos se refiere. Sin embargo, el presidente urgió a los miembros de la Cámara Baja a dar luz verde a una partida de dinero para aliviar la descomunal escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo. Una treta muy bien pensada, dado que los 770 millones de dólares, que irían principalmente a ayudar a numerosos paÍses africanos, se incluyen dentro del presupuesto bélico de los países árabes, una forma de digerir mejor el descomunal coste de la maraña en Irak.
Doble cara
Durante una aparición sorpresa en el Capitolio a última hora del jueves, Bush aseguró que «en algunas de las naciones más pobres, la subida en el precio de los alimentos puede suponer la diferencia de tener una comida diaria o sobrevivir sin nada en el estómago». Además, añadió que «los ciudadanos americanos son compasivos y generosos, por eso estamos mandando un claro mensaje al mundo de que América liderará la lucha contra el hambre en los próximos años».
El lado humano del presidente estadounidense se vio obnubilado por la petición de 70.000 millones de dólares para financiar sus aventuras bélicas en Irak y Afganistán. Si se llegase a aceptar, los gastos totales de la guerra antiterrorista, desde los ataques terroristas del 2001, alcanzarían los 875.000 millones de dólares.












