Antes de la aportación del periodo de entreguerras los fotógrafos ya intentaron desligarse del retrato de la realidad. Su afán se dirigió hacia la captación de matices, atmósferas o visiones interiores. Lejanas ya las experiencias de los pictorialistas como Ortiz Echagüe, no dejan de sorprender algunos intentos por emular procedimientos y apariencias pictóricas para la fotografía. Conste que en el arte lo que debe mandar es el resultado, las técnicas son sólo medios.
Vari Caramés (Ferrol, 1953) es un fotógrafo reconocido. Presente en museos y ferias de arte contemporáneo, sus imágenes encierran la intención de actuar como miradas personales, absolutamente subjetivas ante el espectáculo de la realidad. Las visiones que ofrece, al contrario que un sector importante de la fotografía de nuestro tiempo, persiguen a menudo los límites entre la realidad reconocible y la deformación propia del recuerdo. Esa sensación brillante y vibrante no deja de ser asociada por parte del espectador con la pintura.
La obra de Caramés busca de forma intencionada la indefinición visual. Concebida desde la experiencia personal desea plasmar, hacer visible un velo existente entre lo que queremos ver y nuestros ojos. Ese velo representante de la ensoñación también lo es del paso del tiempo, de lo pasajero y lo instantáneo. Sin el reconocimiento certero, en los límites de la identificación visual Caramés convoca a la imaginación. El abandono de la certeza impulsa otras realidades, que él denomina fantasmas. El fotógrafo busca sus fantasmas y lo hace a través de sus propios recuerdos. Más allá de ellos, el espectador identifica sus sensaciones y descubre, sobre todo en algunas imágenes, que el velo no oculta, ayuda a revelar otras cosas.












