Sin embargo, cincuenta años después, las cosas han cambiado mucho, tal y como demuestra el menú que llevó la primera astronauta surcoreana a la base rusa de Baikonur, desde donde tiene previsto viajar en una cápsula Soyuz a la Estación Espacial Internacional (ISS). Yi So-Yeon consumirá durante su misión de doce días manjares como té de canela, fideos y 'kimchi', un delicioso plato fermentado coreano. Y es que gracias a los progresos tecnológicos, los astronautas pueden escoger entre una gran número de platos, cuya lista es cada vez más variada, merced a la llegada de nuevas nacionalidades al espacio. «Podemos escoger lo que queremos. Los especialistas se las ingenian para que los platos se parezcan lo máximo a los verdaderos», explicó Serguei Volkov, capitán de la nave. Y fue más allá el oficial ruso, ya que explicó que si «eliges carne, es como comerla en un restaurante».
Y es que la gravedad reducida del espacio también afecta la manera sobre cómo las comidas son envasadas y servidas. Pero los avances son tangibles respecto a los inicios de la aventura espacial, cuando los astronautas se quejaban de hambre y debían aspirar una comida pastosa con la ayuda de unos pequeños tubos de aluminio. El primer astronauta malasio se llevó en el 2007 al espacio varias especialidades nacionales, como los mangos secos, mientras que el primer chino evitó la nostalgia culinaria haciendo acopio de cerdo al ajo, pollo marinado y té. El multimillonario Charles Simonyi, uno de los turistas espaciales, invitó a sus huéspedes a deleitarse con codorniz al vino y 'magret' de pato con alcaparras.
La gravedad reducida del espacio también afecta la manera de envasar y servir. De hecho, sin gravedad la ayuda de la gravedad, un astronauta es incapaz de beber leche de forma convencional. Debido a su consistencia líquida, la leche flota alrededor del estómago y no consigue saciar la sensación de apetito y ahora trabaja en productos lácteos de naturaleza sólida.





