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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

Sociedad

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Nobleza obliga
La cata de Murrieta y lomejordelvinoderioja.com volvió a colmar en el hotel Husa las expectativas de los amantes del vino
02.05.08 -

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Nobleza obliga
Aspecto que presentaba la sala de catas del hotel Husa Gran Vía. / J.M.
Para cuando María Vargas, la directora técnica de la Bodega Marqués de Murrieta, comenzó su disertación la improvisada sala de catas del hotel Husa Gran Vía de Logroño se había llenado de público. La del martes fue una sesión cargada de nobleza, por un lado el ayer, el marqués de Murrieta, el creador de la firma, y por otro el presente, el conde de Creixell, actual presidente de la bodega protagonista de la noche.

Para gozar de los vinos que se habrían de catar acudieron María Jesús Zuazo, Adriana Laucirica, María Moreno, Concha Peñaranda, de Provir, y Lidia Martínez. Para empezar, un 100% albariño de 2007 que gustó y regustó. «Es la pera», vino a decir al final la presentadora, para resaltar los sensacionales aromas frutales de un vino nacido y crecido en el Pazo de Barrantes en las Rías Bajas. Y aún añadió un «veréis que tiene un poco de eucalipto por causa del paisaje que rodea las viñas».

Entre los asistentes los había asiduos y otros de nueva presencia. Raúl Ortega, José María Ryan, Daniel Hernández, Alfonso Arciniega, José Luis Cendrero, Bernabé Arrieta, el médico José Bazán y codo con codo con éste Jesús Ruiz Tutor.

Tras un blanco de Rioja, Capellanía 2004 llegó la hora de los tintos: un reserva Marqués de Murrieta 2003, el gran reserva cosecha 2000 Castillo de Igay y el Dalmau 2004, éste con un 8% de cabernet sauvignon que sin duda le da un carácter personal. Eso es al menos lo que alguno dijo en medio de un murmullo creciente que en algún momento dificultaba el seguimiento de las palabras de la conferenciante.

Con toda atención vimos a la musical Marta Hernández, que ocupaba lugar en una de las primeras filas. De cerca siguieron los comentarios de María Vargas Jesús Martínez Pinilla, Ana Calleja, Javier Gómez, Iván Ausejo, Ana Belén González y Jaime Ruiz Rosáenz. Entre el público medio se ocultaba parte del equipo técnico de la bodega, entre ellos alguien que fue y sigue siendo uno de sus históricos, Alfonso Troya.

Dos filas por delante de él abría su bella sonrisa la guapísima relaciones públicas de la bodega, Miryan Ochoa, y junto a ella, Alicia Calvo y Gemma Fernández. Una voz discreta entre los concurrentes aconsejó a uno de los camareros que no golpeara el vino blanco, callando quizá un «que esto no es sidra».

La mayoría estuvo de acuerdo en que el factor común de todos los vinos que se cataron era la perfecta y discreta conjunción de la madera con respecto al resto de factores que hacen del vino de Rioja la maravilla de alimento que es. En la primera fila se sentó uno de los tres que se atrevieron a preguntar algo a María Vargas, Gerardo Sáez de Cabezón.

Estuvieron también Bernabé Arrieta, Antonio Vargas, Estela Lacalzada, Carlos Mazo, el director del hotel, Carlos López Melón, y Rafael Cabrero. Tampoco se lo perdieron el director general de Nueva Rioja S.A., Ángel de las Heras, y el que lo es del área digital de larioja.com, Ramón Alonso.

Tuvieron suerte en el sorteo de plazas Víctor Ruiz, Ursino Laguna, María Torres, Omar Muro, Agustín Lezameta y Máximo Moreno. Nadie se fue sin probar la primicia de un vino que podrá degustarse debidamente etiquetado dentro de siete años, el Castillo de Igay 2007, un vino que ya recién nacido es prometedor de indudables placeres para el paladar y los sentidos.

Casimiro Somalo, de lomejordelvinoderioja.com, aprovechó para comunicar novedades para el próximo verano, mientras que su compañero Alberto Gil atendía con elegante sigilo la logística de la cata.

Al término de la sesión alguien sintió en la sala el ligero aleteo del espíritu de aquel chileno, hijo de español y boliviana, y amigo que fuera del general Espartero, llamado Luciano Murrieta, artífice sin duda de uno de los
bonus vinum
de la tierra riojana.
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