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RSS | ed. impresa | Regístrate | 23 noviembre 2008

Sociedad

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De la amenaza de Verdier a la leyenda de 'los marchos'

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Tras la revuelta de los logroñeses contra el invasor francés, el general Verdier (conde del Imperio, grande oficial de la Legión de Honor y encomendador de la Real Orden de la Corona de Yerro) emitió un durísimo bando con fecha de 1 de junio que, entre otras lindezas, decía lo siguiente: «Habitantes de Logroño: Os habéis sublevado contra las legítimas autoridades. Habéis tomado las armas contra tropas que han visto huir delante de ellas por espacio de quince años los Exércitos de la Europa, reunidos contra ellas. Vuestra conducta insensata merecería la muerte, la destrucción de vuestras familias, y la de vuestras propiedades, si la clemencia de S. M. el emperador mi amo y el vuestro (léase Napoleón), no fuese superior a vuestra locura como el sol de la tierra. A este grande hombre es a quien debéis la existencia. Dadle gracias de un beneficio que debíais esperar; presentaros humildes y respetuosos, pidiéndole perdón de un error que no debe reincidirse».

Pero, si bien muchas de las tradiciones riojanas nacieron en la Edad Media o alrededor del Camino de Santiago, Fuenmayor atesora una leyenda que proviene de la Guerra de la Independencia. Cuentan que sus habitantes prendieron grandes hogueras por calles y balcones para evitar ser saqueados por las huestes napoleónicas y hacerles creer que la villa ya había sido asaltada. De ahí vienen 'los marchos', en honor a los soldados que se marcharon y pasaron de largo. Otros expertos afirman, sin embargo, el posible origen pagano de la fiesta, que se celebra alrededor del solsticio de otoño, coincidiendo con el final de las cosechas como hacían los romanos en acción de gracias por la cosecha recién terminada.
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