
Estas Navidades (año 2000), huyendo del duro turrón familiar, visité la comarca catalana de la Ribera del Ebro (Ribera d'Ebre) que junto con el Bajo Ebro (Baix Ebre) forman las tierras por las que discurre el río Ebro mientras pasa por Cataluña. Ambas ocupan casi enteramente lo que se conoce como Bajo Ebro, aunque no sea cierto ni geográfica ni hidrográficamente, porque la comarca del Bajo Ebro tiene como frontera la de Monsià. CiU ahora quiere convertir estas dos (o tres) comarcas en una veguería, o sea, una supercomarca, lo que parece muy coherente porque mantiene como eje de vida y desarrollo al río Ebro. Visité el pueblo de Miravet, donde el Ebro traza otra 'curva de ballesta' vistosísima. El pueblo está colgado sobre el río y, además del castillo de los templarios y una intensa y laberíntica judería, Miravet mantiene siete alfares, en los que uno se siente como en Navarrete en el alfar de los hermanos Naharro, por poner. El Ebro, además de ser la línea de penetración de los iberos -presentes en toda la zona, sobre todo en Tivissa-, mantiene desde su nacedero -Ramón Irigoyen diría, desde su chortal- hasta su desembocadura una cerámica en la que se ve cómo va evolucionando desde la combinación de arcilla y blanco vidriado de Navarrete hacia colores que ya son árabes, valencianos, de Alcira, de Manises. Pero además de cerámica y antigüedades de la zona, encontré el pueblo en pie de guerra contra el trasvase, lo que viene a ser lo mismo que contra el Plan Hidrológico Nacional. Han constituido una Plataforma para la Defensa del Ebro y una asociación: Amigos y Amigas del Ebro. La cosa está que arde. Se sienten abandonados por todos los grupos políticos y han pasado a la acción. Mis amigos de La Rioja me dicen que aquí se ha editado un costoso folleto y se ha hecho propaganda en este mismo
El río Ebro -como otros grandes ríos- ha generado una cultura y un ecosistema que no puede destruirse ni por supuesto contaminarse. Se puede comprobar su continuidad cultural -idea que ofrezco a estudiosos del folclore- comparando, por ejemplo, las modulaciones de la jota: la riojana, brava y un tanto agitada; la aragonesa, más lenta, pero exagerada; la del Bajo Ebro, irónica, como de chufla; y la de las Islas Baleares, suave, fundida en un mar de sonidos, que ya son Mediterráneo en la voz de María del Mar Bonet.
El trasvase del Ebro que incluye este PHN es más que discutible. Existen las alternativas del Ródano -aunque sea un río muy contaminado- y del Noguera Pallaresa, río que nace en la Noguereta leridana y que tras 146 kilómetros de recorrido, desemboca en el Segre y éste, a su vez, en el Ebro y éste, a su turno, en el mar, amor, que es el morir. Además de los económicos, existen argumentos de puro sentido común, o sea, el menos común de los sentidos. Se sabe que por debajo del paralelo 43, la lluvia es y será escasa, por tanto parece lógico que se la busque por encima de ese paralelo, es decir, en algún río europeo. Ese mismo sentido común indica que si en los próximos siglos vamos a necesitar agua, tendremos que encontrarla más arriba de los Pirineos. Pero España es un país con sed, que cada cierto tiempo agita un Plan Hidrológico para quitársela de encima. No es la primera vez que gobiernos de distinto lustre han tenido que envainarse un plan de este tipo. La gente no entiende demasiado de metros-cúbicos-por-hora ni de excedentes. Tampoco se le puede pedir al personal una solidaridad que no entiende, sobre todo cuando no tiene claro a quién beneficia. Son dudas razonables. En La Rioja y sobre todo, en Aragón, se produciría una despoblación mayor que la que ya están soportando. Además, ¿para qué? Para que se acumule más gente en torno a centros urbanos e industriales que ya son deficitarios de agua precisamente por su exagerada dimensión, o sea, Barcelona; o sea, la costa mediterránea, que crece sin respeto al medio.
En 1975, J. M. Porquet (en





