
«Es posible que haya sido una simple amenaza sin contenido para intimidar a su hija y a los niños», dijo el funcionario. «Estamos verificando si realmente podía introducirse gas en el sótano», añadió. Según fuentes de la Policía Local, Josef Fritzl dijo en sus primeras declaraciones que tenía previsto matar de esa manera a sus rehenes en caso de que estos intentaran escapar o hacerle daño.
Los expertos, que ayer trabajaron durante toda la jornada mientras decenas de curiosos y periodistas observaban en silencio la casa del horror ubicada en la calle Ybbstrasse, no lejos del centro de la pequeña ciudad, también intentaron determinar si el dispositivo electrónico de la pesada puerta de hormigón de la cárcel estaba programado para abrirse al cabo de cierto tiempo, como también afirmó Fritzl.
Mientras los expertos intentan descifrar los misterios del sótano, el secreto del sumario sufrió una primera y breve violación cuando un agente anónimo reveló a la edición electrónica de la revista 'Der Spiegel' detalles de la declaración que hizo Elisabeth Fritzl el sábado pasado.
Tiranizaba a su esposa
«No sé por qué mi padre me escogió a mí. Desde que tenía 11 años siempre abusó de mí, en la casa, en el sótano y en el coche». Según la mujer, su madre nunca supo de su martirio y, aparentemente, su carácter sumiso hizo posible que su esposo pudiera llevar a cabo sus abusos.
Este aspecto de la personalidad de la esposa de Josef Fritz fue confirmado por su hermana Christine R., quien declaró al periódico 'Österreich' que su cuñado había tiranizado a su esposa durante más de 50 años. «Mi hermana se casó con Josef cuando tenía 17 años. No tenía formación ni profesión, y eso él lo aprovechó de forma brutal durante 51 años», relata la mujer. «Era un déspota y tiranizó a mi hermana y a mis sobrinos. Él hacía chistes sobre su vida sexual con su esposa. Todos sabían que ya no tenían sexo», agregó la mujer.
Pero nadie pudo imaginar que el 'monstruo' satisfacía sus ímpetus sexuales con su hija Elisabeth. «Bajaba todas las mañanas a las 09.00 horas al sótano, supuestamente para dibujar unos planos de unas maquinas que quería vender. A veces pasaba la noche allí y Rosi (la esposa) no podía llevarle ni siquiera una taza de café. Ahora sabemos por qué», dijo la cuñada de Josef Fritzl, en referencia a las sistemáticas violaciones sufridas por Elisabeth.












