
La primera explosión se produjo en un pabellón industrial propiedad del Ministerio de Trabajo en el polígono industrial Martiartu en la localidad vizcaína de Arrigorriaga, que se utiliza para almacenar coches y otros objetos embargados.
La bomba, cargada con cinco kilos de amonal, estalló hacia las 24.00 horas y causó importantes daños en el local y en los vehículos estacionados en su interior. La fuerte explosión abrió un boquete de unos veinte metros cuadrados en la fachada del local. La persiana del local contiguo fue arrancada del marco.
Poco después, se registró una segunda explosión, provocada por dos bombas de tres kilos de amonal cada una, en una oficina del Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laboral (Osalan) en San Sebastián, que provocó escasos desperfectos.
Llamada anónima
A las 23.25 horas del miércoles, una llamada en nombre de ETA anunció a la asociación de ayuda en carretera DYA de Vizcaya la explosión, a las 00.30 horas, de dos bombas en la sede de Osalan en San Sebastián, sin citar la explosión que se iba a producir media hora antes en Arrigorriaga.
En esa llamada, realizada con una grabación desde una cabina telefónica, según fuentes de la lucha antiterrorista, se avisaba a la DYA de que dos «potentes» bombas iban a hacer explosión en la sede de Osalan en la calle Maldatxo en San Sebastián y finalizaba con la pregunta «¿Me ha entendido?». Al tener conocimiento del aviso, la Ertzaintza acordonó la calle Maldatxo, del barrio donostiarra de Egia, y unos treinta minutos después de la medianoche se escucharon dos explosiones, una más fuerte que otra, que provocaron daños «inapreciables», según el departamento vasco de Interior.
Tras producirse el atentado, los artificieros de la Policía Vasca inspeccionaron el lugar y comprobaron que una de las bombas había explotado en una zona ajardinada cerca de las dependencias de Osalan y la otra en el aparcamiento del Instituto Oncológico. En este estacionamiento los investigadores de la Policía Autonómica hallaron algún resto de la explosión, aunque los coches estacionados no sufrieron daños.
El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, afirmó ayer que la posición del Gobierno contra ETA es «firme y contundente», y que «el único camino que le queda a la banda terrorista no es otro que el de acabar en la cárcel».





