Entre los que han emprendido la huida de las grandes ciudades, en las que ya figuran las pequeñas, hay nada menos que 63.000 conductores sin carné. Se comprende que tengan ganas de fugarse de su opresivo entorno, pero debieran pensar que si les pillan, posteriormente van a experimentar unos deseos aún mayores de fugarse de la cárcel. Hoy precisamente entra en vigor la reforma penal que castiga con entre tres y seis meses de prisión conducir sin permiso. El volante viene a ser una ruleta con números de suerte o de infortunio y hay muchos jugadores que no pagan su entrada en el casino. Al final del largo puente se harán estadísticas, pero nadie escarmienta en calavera ajena.
Sería importante averiguar por qué tanta gente quiere huir de su vida cotidiana. «Todos los males del hombre provienen de no saber quedarse en su casa», dijo Pascal, que era un poco exagerado. Hay que salir, pero no al mismo tiempo. Quizá, en opinión de algunos, la aglomeración proviene de la calle Génova. Quieren seguir el ejemplo del señor Zaplana, que más que un dandi es un maniquí, pero que tiene un indudable olfato político que le permite detectar las despensas vacías. Carretera y manta para taparse, que empiezan a correr malos vientos.





