Quedan dos años para que el primer ministro, Gordon Brown, esté obligado a convocar elecciones. El resultado de hoy no puede tener un efecto inmediato en el Gobierno, pero los pronósticos predicen que causará otro disgusto a un líder laborista que pronto puede llegar a una situación irreparable.
Las últimas elecciones de este tipo se celebraron hace cuatro años, con el laborismo liderado por un Tony Blair en fase terminal. El partido de la izquierda británica empieza la jornada electoral desde una posición muy baja y los conservadores, con el reto de superar sus buenos resultados en las municipales de cuatro años.
Interior y suburbio
El liderazgo de David Cameron también tiene retos. Siempre fuertes en el sur más próspero de Inglaterra, los conservadores han recuperado terreno en las tierras centrales, pero quieren ofrecer la imagen de partido genuinamente nacional.
Los sondeos en Londres, que dan una muy ligera ventaja al alcalde saliente, el laborista Ken Livingstone, ofrecen un retrato interesante sobre las simpatías políticas en el país. Livingstone aventaja -48% contra 34%- a su rival, Boris Johnson, en la ciudad interior, en los barrios con más quiebras sociales y culturales, con más mezcla étnica. En los suburbios, más ricos y blancos, la ventaja de Johnson es de 45% contra el 36%.
La elección municipal de hoy se interpreta como una manifestación de los sentimientos de los electores sobre la continuidad de Livingstone, y por extensión Gordon Brown. Dirán si ya han cumplido su turno y quieren el cambio.












