
Barbara Reynolds, una periodista que formó parte del Consejo editorial de 'USA Today' y ahora dirige su propia agencia de noticias, Reynolds News Services, propuso hace dos años al prestigioso National Press Club invitar al reverendo Jeremiah Wright a una de sus charlas, pero la petición fue denegada. El mes pasado, después de que un sermón del reverendo saliese repentinamente a la luz desatando una gran polémica, Reynolds retomó la propuesta, y esta vez fue aceptada. «El reverendo era noticia», defendió la presidenta del club de prensa, Sylvia Smith.
Reynolds se ha manifestado abiertamente en su blog a favor de Clinton y no ha dudado en criticar el mensjae de Obama. «La esperanza, por definición, no está basada en hechos, sino que es una expectativa emocional. Las cosas que se esperan pueden ocurrir o no. Pero la ayuda basada en la experiencia siempre triunfa sobre la esperanza», escribió.
Al acabar su incendiaria conferencia de prensa frente a los medios nacionales, el reverendo se sentó a charlar animadamente con la seguidora de Clinton que le había proporcionado la plataforma para hundir a su rival.
Culpable por asociación
Todo el mundo se preguntaba por qué el reverendo de la Iglesia de la Trinidad de Chicago había decidido romper su silencio ahora, cuando Obama necesita imperiosamente ganar las próximas batallas del martes en Carolina del Norte e Indiana para mantener su liderazgo. En un momento en que el senador de color trata de reorientar su mensaje de cara a la clase obrera de Indiana, el reverendo ha vuelto a acaparar todos los titulares. En la mente de esos votantes que se sienten amenazados por el resentimiento negro, Obama es culpable de lo que diga por asociación. Para algo ha sido su guía espiritual durante dos décadas, ofició su matrimonio y bautizo a sus dos hijas. Cuesta creer que nunca antes haya oído esas declaraciones.
Cosas como que Estados Unidos se buscó el 11-S por perpetrar ataques terroristas en otras partes del mundo o que el Gobierno pudo haber inventado el sida como arma genocida para acabar con las minorías no podían por menos que torpedear su mensaje de reconciliación.
Barack Obama fue lento en reaccionar. El lunes recriminó a los medios por enfocarse en esos comentarios que eclipsan la agenda de los ciudadanos, y se limitó a decir que si antes no había quedado claro, esto demuestra que no tiene ningún control sobre el reverendo.
Ayer, en vista del daño causado, volvió a convocar una conferencia de prensa en la que esta vez condenó inequívocamente los comentarios de Wright, que calificó de «indignantes». Para muchos, la condena llega tarde.












