El informe anual sobre terrorismo del Departamento de Estado, divulgado ayer, informa de que en el 2007 más de 22.000 personas fueron asesinadas por terroristas en todo el mundo, un 8% más que en el 2006, aunque disminuyó el número de atentados, 14.499 frente a 14.570. Irak acumula el 60% de las víctimas de atentados terroristas, 13.600, en parte por el aumento de ataques suicidas, un 50%.
El informe, que el Departamento de Estado presenta cada año al Congreso de Estados Unidos, advierte de que la red Al-Qaida ha logrado fortalecerse en las áreas tribales del noroeste de Pakistán y ha reconstruido su estructura directiva.
«Numerosos jefes de alto rango de Al-Qaida han sido capturados o han muerto, pero los líderes de Al-Qaida siguen planeando atentados y cultivando conexiones operativas más fuertes que irradian desde Pakistán a afiliados en Oriente Medio, el Magreb y Europa», según el documento.
El 'número dos' de la red, Ayman al Zawahri, se ha configurado como «el planificador estratégico y operativo» más importante de Al-Qaida, constata el Gobierno estadounidense.
En Afganistán, el movimiento talibán y otros grupos insurgentes, algunos vinculados a Al-Qaida, «continuaron amenazando al país», en particular en el este y el sur, donde reclutan militantes entre las tribus pashtún.
El número de atentados perpetrados en ese país centroasiático se elevó un 16% el año pasado, según las cifras facilitadas por el Departamento de Estado.
El informe incluye, como en años anteriores, a Cuba, Irán, Corea del Norte y Sudán en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Venezuela, además, figura como un país que «no coopera completamente» con los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos.
Cuba, según explicó el coordinador de la Oficina Antiterrorista del Departamento de Estado, Dell Daley, está en la lista sobre todo porque «aporta refugio a las FARC, ETA y el ELN (Ejército de Liberación Nacional)».
El Departamento de Estado advierte contra la radicalización de las poblaciones de inmigrantes, minorías y jóvenes en Europa, Oriente Medio y África, y los intentos de los terroristas de aprovecharse de esa situación. «La contrarradicalización es una prioridad política para Estados Unidos, en particular en Europa, dado el potencial del extremismo violento con base en Europa para amenazar directamente a EE. UU. y sus intereses clave», dice el informe.












