José Luis Rodríguez Zapatero dijo que haría un Ejecutivo más funcional y ayer el Consejo de Ministros aprobó un nuevo esquema de trabajo que hará depender de su número dos cinco áreas gubernamentales básicas para los objetivos de la legislatura: inmigración, cambio climático, igualdad, cooperación al desarrollo y política autonómica.
La función coordinadora de la vicepresidenta primera no es nueva. Le va en el puesto, por ley, presidir la comisión de subsecretarios que cada miércoles prepara los Consejos de los viernes, y garantizar que todos los departamentos funcionen de manera engrasada y no haya choques allá donde las competencias están compartidas y las fronteras son poco claras.
En la pasada legislatura tuvo que mediar en varias ocasiones entre el ex ministro de Defensa, José Bono, y el de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos; ponerse al frente de la actuación en el incendio de Guadalajara, o lidiar con la crisis migratoria en el verano del 2006. Lo que durante cuatro años estuvo haciendo de facto, casi entre bambalinas, tiene ahora un reconocimiento oficial y explícito.
Poco a poco, la que fuera número dos de Jesús Caldera en la dirección del grupo parlamentario socialista, aún en la oposición, ha logrado ocupar un espacio que parecía predestinado a su entonces jefe. Todo sin estar siquiera afiliada al partido. Para esta legislatura, Rodríguez Zapatero ha decidido contar con ocho comisiones delegadas del Gobierno, cuatro de ellas son de nueva creación y, por supuesto, estarán presididas por la vicepresidenta que antes sólo se ocupaba de dos. Es el caso de la comisión delegada para política de igualdad. María Teresa Fernández de la Vega siempre ha controlado muy de cerca la aplicación de la ley contra la violencia de género y, de hecho, celebraba reuniones con las asociaciones y colectivos implicados de manera periódica.
Lado oscuro
Ahora sus responsabilidades van más allá porque no sólo tendrá que hacer frente al 'lado oscuro' de este área, también tendrá que ocuparse de coordinar la actuación de distintos ministerios para hacer «política positiva».
Bajo su batuta quedan también, ahora ya en firme, las políticas transversales de inmigración, ramificadas en varios ministerios (Trabajo, Exteriores e Interior). Además presidirá la comisión delegada del Gobierno para cooperación al desarrollo y la de política autonómica que, si bien ya existía en la pasada legislatura, ahora será «revitalizada».
La vicepresidenta primera concede a este asunto gran importancia. Bajo su atento control deberán desarrollarse los estatutos de autonomía aprobados en el primer mandato de Zapatero, tanto el polémico texto catalán, aún pendiente de recibir el visto bueno del Tribunal Constitucional, como el valenciano, el andaluz o el aragonés.
La nueva organización del trabajo no sólo afecta a la vicepresidenta. Pedro Solbes también acumulará nuevas responsabilidades. No sólo presidirá la comisión delegada para asuntos económicos, de la que dependen Fomento, Trabajo, Industria y Medio Ambiente, también se pondrá al frente de la comisión de política científica y tecnológica, que en la pasada legislatura presidió María Teresa Fernández de la Vega. En ambas comisiones, y por tantos bajo su paraguas, estará el ministerio que dirige Miguel Sebastián, con quien tuvo varios y notables roces mientras ejerció como director de la Oficina Económica del presidente y a quien muchos ven como su sucesor en el cargo.
Solbes forma parte además de otras cinco comisiones delegadas, entre ellas, la de situaciones de crisis que es la única que preside Zapatero y la única que se reúne en exclusivamente en circunstancias excepcionales.






