Pero no hay manera. Se han dejado auténticas millonadas en que el resto de los españoles piense que las rutas enológicas son lo más 'in' del turismo nacional; han arreglado las ciudades de Nájera, Calahorra, Logroño... para mostrar al mundo las bondades de la historia que ha dado lugar a esta bendita región; han invertido una 'pasta gansa' en apoyar la cuna del castellano, las icnitas o el monasterio de Cañas.
Y el caso es que ahora tenemos frailes dominicos, dinosaurios 'hollywoodienses' o monjas de clausura campando por las calles de Logroño todos los fines de semana. En eso han degenerado las tan estudiadas políticas de promoción turística. En definitiva, La Rioja es famosa por tener las mejores despedidas de soltero porque aquí es donde uno se pilla las más desfasadas melopeas, donde uno se zampa los pinchos más baratos (eso dicen los del Norte) y donde uno se olvida de todo. Sobre todo de la buena educación.
Y ya está la polémica servida. Unos opinan que no es bueno que venga tanto foráneo descontrolado con ganas de juerga (y dinero en el bolsillo) porque desprestigia la Laurel (y la Mayor también). Otros creen que si recurrimos al turismo es ilógico primar la calidad porque lo que importa es la cantidad (de dinero que gastan aquí, claro)... Y así no hay quien llegue a un acuerdo.
Quizás debamos introducir un concepto que a los riojanos de pura cepa nos cuesta asumir: la mesura. Porque no nos aclaramos: queremos dar a conocer la












