
Fue el final agotador del último día de su aventura, una jornada muy ajetreada que comenzó en cuanto pisaron tierra. El 'Playa de Bakio' comenzó a verse en el horizonte, a la entrada de la bahía de Victoria, la capital de las Seychelles, a las nueve de la mañana. Una veintena de periodistas se habían congregado a la entrada del puerto porque, a última hora, el armador decidió acceder y permitir el paso a la prensa.
El atunero, escoltado por la fragata española 'Méndez Núñez', tocó tierra a las 09.30 horas, las siete y media de la mañana en España. En cubierta apenas se veía a nadie y tras colocar la pasarela, los primeros en subir a bordo fueron los miembros del nuevo relevo, con sus maletas y mochilas, junto al inspector de la empresa Pevasa.
Unos y otros se reconocieron al momento y allí surgieron los primeros abrazos. Entretanto aparecieron dos coches oficiales de los que se apeó el embajador español en Kenia, Nicolás Martín Cinto, ataviado con una gorra, que ha participado en las negociaciones de liberación de los rehenes.
Ambos subieron a bordo y al cabo de unos minutos descendieron con el patrón, el gallego Amadeo Álvarez, que en estos días se ha hecho conocido a través de su esposa, pues era una de las pocas personas que recibía llamadas del barco. Estaba prevista una rueda de prensa al pie del buque con los dos funcionarios españoles, pero era una incógnita si alguien de la tripulación iba a querer hablar con la prensa. Al final fue el patrón, que apenas logró articular palabra y rompió a llorar ante las cámaras. Fue la primera señal de la presión que habían vivido aquellos hombres. No habló más que dos minutos y ya no bajó nadie más. No querían remover lo que habían pasado.





