La alarma sobre el aceite de girasol contaminado saltó hace algo más de tres días. Los hiper, los súper y las tiendas de barrio retiraron todas la reservas de los lineales y los repusieron con remesas nuevas y fuera de sospecha. Pero, ¿qué pasa con las botellas de aceite que ya estaban en las alacenas de las cocinas españolas? Ah, pues no pasa nada, sostienen nuestras autoridades. Se pueden consumir «sin mayor problema», porque una cosa es freírse unas empanadillas excepcionalmente y, otra muy distinta, basar la dieta de forma crónica en el aceite adulterado. ¿Ea! con el mensaje tranquilizador.
Las explicaciones (por llamarles algo) del ministro vigía de nuestra salud no han convencido, ni mucho menos sosegado, a consumidores y distribuidores. La primera crisis sanitaria a la que se ha visto enfrentado Bernat Soria ha evidenciado una ineficaz gestión. Pero, además, el ministro se merece la crítica por ese empeño, que todavía seguía mostrando ayer, en no identificar públicamente las marcas y los lotes afectados.
También el presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, José Ignacio Arranz, quien anunciaba ayer que primero se publicaría una 'lista positiva' con los nombres de las partidas o firmas exentas de sospecha. Y así se hizo. A última hora de la tarde ya teníamos un catálogo del Ministerio con los aceites fiables de siete grupos productores. ¿Alguien lo entiende? A principios de este mes se detectaron problemas con un adelgazante y se inmovilizó esa marca concreta, no todos los productos similares que circulan en el mercado.
Sin embargo, con este tema van al descarte. Tiempo al tiempo, que la verdad, como el aceite, queda siempre por encima. mjgonzalez@diariolarioja.com











