Una tercera parte de los españoles, según las estadísticas, que sólo falsean la verdad hasta cierto punto, cree que fue engañada. Entre ellos quizá haya que descontar a los que se llamaron a engaño y, como tenían muy buen oído, oyeron la llamada a pesar del barullo de decibelios que se produce en los mítines. ¿Por qué se quejan ahora? Se conoce que la esperanza sigue ganándole la partida a la experiencia.
Nadie recluta votos prometiendo dificultades económicas. Vaticinar una época sombría puede otorgarle a alguien fama de adivino, pero no arrastra seguidores. ¿Para qué decir la verdad? Mi paisana María Zambrano decía que la verdad es imposible: o es horrible o es inefable.





