Hemos visto que durante los últimos años de bonanza económica empresarios y gobiernos nos han impuesto una retención en los salarios con la disculpa de que era una medida para evitar la inflación y con ello potenciar la competitividad de las empresas y de nuestros mercado, pero lo que hemos comprobado es que la bolsa y el capital se ha hinchado a beneficios y que estos no ha repercutido en los empleados de estas empresas y de las distintas administraciones públicas.
Los patrones de comportamientos ya los conocemos, si la cosa va bien que no se disparen los salarios y si no van tan bien la responsabilidad debe caer sobre los más débiles. Pero este discurso ya está muy oído, y para que sea creíble antes nos habrían de haber mostrado su "generosidad" cuando los superávit han supuesto y siguen siendo los mejores datos en la bolsa y en los distintos referentes empresariales.
La desaceleración en el campo de la construcción, provocada al parecer por el problema de las
Por ello, por un lado la protección de los sectores productivos que sean respetuosos con los derechos y expectativas de los trabajadores y, por otro, la necesidad de una protección social adecuada, deben ser el equilibrio que permita la dualidad entre las políticas de protección entre el empleo y el desempleo; es decir, mientras se tiene trabajo y cuando no dispone de él. Todo ello sin olvidarnos de aspectos tales como la relación entre educación y el mundo laboral, el problema de la inmigración y la garantía de que esta cacareada recesión no incremente las desigualdades de trabajadores y trabajadoras.





