Nueve vagones del primer convoy, que cubría el trayecto entre Pekín y la subsede olímpica de Qingdao para pruebas de vela, se salieron de las vías y cayeron a una zanja, impactando también contra el tren que se dirigía desde Yantai, en la provincia de Shandong, hasta Xuzhou, en Jiangsu.
Este grave siniestro se debió, tal y como señaló Xinhua, a una negligencia humana, por lo que dos altos cargos de la Oficina de Ferrocarriles de Shandong fueron destituidos de manera fulminante.
Tanto las fotografías del lugar del suceso como los testimonios de los supervivientes, distribuidos en los hospitales de toda la zona, estremecen por la virulencia de la colisión. «Vi a una chica que estaba intentando sacar a su novio de un vagón, pero estaba muerto», declaró a Xinhua un pasajero apellidado Zhang, quien explicó que «de repente sentí que el tren era como una montaña rusa que giraba para uno y otro lado y, cuando finalmente volcó, mucha gente cayó sobre mí porque la mayoría estaban dormidos, pero algunos esperaban en los pasillos para bajarse en la estación de Zibo».
Aterrorizadas, otra mujer de 38 años y su hija de 13 lograron huir del amasijo de hierros a que quedaron reducidos los vagones a través de una grieta abierta en el suelo de su coche. Mientras tanto, los campesinos de las tierras de labranza contiguas a la vía utilizaron sus aperos para romper las ventanas de los coches y rescatar a los pasajeros atrapados en su interior.
Este es el peor accidente ferroviario que tiene lugar en el gigante asiático desde que, en 1997, otro siniestro se cobrara 126 vidas en la provincia de Hunan.












