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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 octubre 2008

Sociedad

xxxi edición de la valvanerada
La noche fantástica
Cuatro traslados al hospital por lipotimias leves, únicas incidencias de la edición de este año de la Valvanerada en la que 782 de los 1.391 inscritos lograron llegar al monasterio

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La noche fantástica
El duro recorrido arrancó por las calles de la capital riojana. / JONATHAN HERREROS
Eran casi las once de la mañana cuando los dos últimos marchosos llegaban al último puesto de control de la Valvanerada. El último repecho se les hacía un mundo, aunque tras ellos, pendiente, una ambulancia les daba seguridad y marcaba el final de la marcha. No hizo falta. Dos chicas jóvenes, voluntarias, les bajaron a buscar y algo les dijeron, porque colgándose de sus brazos parecieron revivir, subieron a buen paso la última y larga cuesta y entraron en meta saltando y bailando.

Eran de Soria (Jordi Laspeñas) y de Bilbao (Santi Rangel) y fueron los finalistas 781 y 782 con los que se cerró la participación en la XXXI Valvanerada organizada por la Hermandad de Donantes de Sangre de La Rioja, en la que tomaron la salida 1.391 personas de todas las edades para enfrentarse a una caminata de 63 kilómetros, dura y nocturna.

Fue una marcha sin sucesos importantes, aunque a la salida de Logroño las altas temperaturas comenzaron a hacer mella en los participantes. El recorrido transcurrió sin novedades destacables, excepto por cuatro casos de personas que debieron ser trasladadas por lipotimias, el peor de ellos el de un soriano que, en la caída, se rompió la nariz, pero cuyo estado de salud es satisfactorio.

Ampollas y cansancio

Esos pequeños sucesos y las asistencias para trasladar a los que decidían detener el camino fueron las principales actividades de los coches escobas. Un equipo de controladores, dirigido por Antonio Mendaza, vigilaron para que la marcha fuera 'limpia' a través de cinco coches más un control fantasma. Ese equipo, formado por 20 personas, son profesores o jefes de estudios de centros escolares riojanos, que prestan de esta forma su colaboración a la Valvanerada. A la entrada del santuario, en la carpa de control del equipo de Protección Civil de Nájera, un equipo informático registraba todos los datos de los que iban llegando.

Pocos metros más adelante esperaba el hospital de campaña cedido por el Ejército para la ocasión. Por allí pasaron casi todos los marchadores para recibir curas en los callos o «para bajar las bolas» como decían entre risas y gestos de dolor muchos participantes. Un equipo de médicos y ATS, apoyados por miembros de protección Civil iban atendiendo a los lesionados con afecto y rapidez.

Sanados, o en vía de estarlo, se dirigían inmediatamente al vecino mostrador, donde la Asociación Virgen de los Parrales de Baños de Río Tobía obsequiaba con unos suculentos bocadillos de chorizo escaldado a todos los que llegaban. Y después, a descansar a los muros que rodean el Santuario para bajar a continuación hasta el aparcamiento de autobuses, para llevarles de vuelta a Logroño.

La primera persona en realizar la marcha fue José Ramón Fernández, que llegó sobre las cinco de la mañana. Pero el que recibió los mayores aplausos fue Pepe, el peregrino de Logroño o de La Rioja, como le gusta que le llamen. Este veterano caminante que cumplirá 64 años dentro de unos días, ha realizado el Camino de Santiago en 22 ocasiones, y la Valvanerada en 27. Paró lo justo en el puesto de control y después se encaminó a la iglesia para postrarse de rodillas ante la imagen de la patrona de La Rioja.
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