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En esta ocasión, los rumanos han conmemorado su Pascua un mes después de la Semana Santa católica; habitualmente, se celebra dos semanas después y una vez cada cuatro años, incluso, ambas coinciden. «Después de la Navidad, es la festividad más celebrada», explica Ioana Negoescu, miembro de la asociación de rumanos Santísima Trinidad, que agrupa a ciudadanos procedentes de Transilvania y Orestia.
Las tradiciones se suceden durante la Semana Santa ortodoxa. El viernes, los adultos se reúnen para colorear los huevos de Pascua, que en Rumanía no son de chocolate, sino duros. Además, en estos días se degustan corderos asados, 'drobs' (pasteles elaborados con los órganos del cordero) y 'cozonac' (pan dulce con nuez).
Por la mañana, antes de los almuerzos, las familias comen pan y beben vino y los niños chocan sus huevos duros y gritan 'Hristos a imviat' (Jesús está vivo) mientras otro responde 'Adeyarat a Imviat' (De verdad está vivo). El domingo de Pascua, después de la misa llamada Segunda Resurrección, los niños reciben la visita del 'Conejo', una figura equivalente al Papa Nöel navideño, que reparte regalos y caramelos.












